La provincia de Ourense se resiste al abandono rural pero mantiene 158 aldeas vacías
BALANCE DE DEMOGRAFÍA
Nueve pueblos pierden a su último habitante en los últimos doce meses mientras otros nueve núcleos recuperan vecinos
El rural de la provincia continúa su particular y ardua lucha contra la despoblación. Tras años de fuerte descenso demográfico, las cifras del nomenclátor del Instituto Nacional de Estadística (INE) proyectadas para el nuevo ejercicio confirman que la caída poblacional se ha estancado. La provincia mantiene hoy exactamente 158 pueblos sin ningún vecino, arrojando la misma cifra que se registró a finales del año pasado. Este estancamiento demuestra que la tendencia al alza se ha contenido al fin.
Echando la vista atrás, la evolución poblacional muestra altibajos muy marcados que explican la situación actual. En el año 2000, el padrón oficial reflejaba que apenas 97 núcleos estaban vacíos. Quince años más tarde, la cifra ya superaba las 150 aldeas y el territorio llegó a su techo de despoblación justo antes de la pandemia. Al cierre 2019 había 171 aldeas deshabitadas en la provincia. Sin embargo, a principio 2020 llegó el coronavirus a España y desde entonces la curva comenzó a revertirse. En el último lustro hay trece pueblos más que conforman la lista de los que tienen al menos un vecino, un salvavidas que ha logrado bajar la estadística hasta los 158 actuales.
Freno al abandono
Los últimos registros extraídos de las tablas poblacionales revelan que el balance anual queda completamente equilibrado. Durante los últimos doce meses, nueve núcleos perdieron definitivamente a su último habitante y pasaron a engrosar la lista de lugares deshabitados. Estas recientes bajas son Forxás dos Montes (Allariz), Eilabai (Celanova), A Vilerma (Leiro), Rabacallos (Parada de Sil), A Trigueira (Pontedeva), A Carreiriña (Ramirás), Pereira de San Tomé (Ramirás), Senreiro (San Xoán de Río) y Parada (Vilar de Barrio). Precisamente Eilabai y A Carreiriña habían logrado recuperar habitantes el ejercicio anterior, pero lamentablemente han vuelto a quedarse sin residentes.
Nueve aldeas renacen
Frente a esta pérdida, la balanza provincial logra equilibrarse gracias a otras nueve pequeñas aldeas que han vuelto a registrar al menos un vecino empadronado. Recuperan el pulso vital lugares como Penedo (Avión), Zaparín (Cortegada), A Quinta (Esgos), As Regadas (Gomesende), Ribas (O Irixo), Maín (Leiro), A Rasela (Lobios), As Lamas (Montederramo) y Vilariño dos Palleiros (San Xoán de Río). Todos estos enclaves han cruzado la pasarela hacia la vida y aportan un necesario impulso a sus respectivos territorios.
Pese a estos brotes de esperanza, el mapa del abandono sigue estando fuertemente concentrado. El municipio de Castro Caldelas lidera la estadística negativa con 14 aldeas deshabitadas y se consolida como el territorio más castigado. Le siguen muy de cerca el concello de Gomesende con 11 pueblos sin vecinos y los municipios de Ramirás, O Irixo y Montederramo, acumulando 9 núcleos despoblados cada uno.
En 8 de cada 10 pueblos viven menos de 50 vecinos
Más allá de los núcleos completamente deshabitados, la realidad demográfica del rural ourensano pende de un hilo muy fino. Los últimos datos oficiales revelan que un total de 2.867 aldeas de la provincia subsisten con menos de cincuenta habitantes, lo que supone casi el 80% de sus poblaciones.
La extrema debilidad del tejido poblacional se evidencia al rascar en las cifras más bajas. Actualmente hay 1.239 pueblos con diez vecinos o menos, situándose en un riesgo inminente de abandono. De ellos, 666 aldeas resisten con cinco o menos residentes censados. El dato más crítico y revelador del extremo aislamiento lo marcan los 121 núcleos ourensanos que tienen a un único habitante empadronado, convirtiéndose en los guardianes finales de sus respectivos lugares. Estas cifras se enmarcan sobre un total de 3712 entidades singulares reconocidas y contabilizadas actualmente en la provincia.
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