Veda del salmón: el Miño despide la tradición que Portugal mantiene viva

La prohibición de la Xunta esta temporada divide las orillas de un río con identidad e historia

Un pescador en la zona de Oira, en el Río Miño, durante el inicio de la temporada de pesca en Ourense.
Un pescador en la zona de Oira, en el Río Miño, durante el inicio de la temporada de pesca en Ourense.

El Miño es mucho más que una frontera en el mapa. Es un río con identidad propia, con un régimen hidrológico complejo, una fuerte influencia atlántica en su tramo final y una larga historia de aprovechamiento pesquero que ha marcado la vida de las dos orillas. Nace en la Serra de Meira, recorre Galicia de nordeste a suroeste, recibe aportes clave como el Sil y, en su tramo bajo, se convierte en río internacional antes de desembocar entre A Guarda y Caminha. Esa condición compartida, unida a la presencia de especies migradoras como el salmón, el reo, la lamprea o el sábalo, hace que cualquier cambio en la normativa de pesca tenga efectos que van más allá de una simple orden anual.

En la nueva temporada de pesca continental en Galicia, la decisión más llamativa es la prohibición total de la captura de salmón en todas las aguas de la comunidad, incluido el Miño. La Xunta ha optado por una veda completa ante el desplome de las poblaciones y los malos datos de retorno de los últimos años. La medida se enmarca en una estrategia de conservación que combina cierres, seguimiento mediante contadores en presas y limitaciones crecientes en artes y cupos. En la práctica, esto significa que en el lado gallego del Miño no se puede matar ningún ejemplar de salmón. Sin embargo, los pescadores deportivos critican estas medidas. “Ellos tienen unos contadores en los ríos pero los datos no son públicos, los hacen públicos cuando les interesa”, denuncia Carlos Reija. “Las estadísticas están para jugar con ellas. Está maquillado”, apunta Virgilio Alonso.

“La situación del salmón en Galicia es mala -indica Virgilio Alonso-, pero no es mucho peor que la que está teniendo Asturias, Cantabria o Portugal. ¿La diferencia con Galicia? Que en Asturias o Portugal miran por el salmón, permiten cupos, porque tiene un turismo nacional e internacional, y es un turismo que deja dinero”.

Esta veda contrasta con la situación al otro lado de la frontera. En Portugal, el Minho (como se denomina allí) sigue siendo uno de los pocos ríos donde aún se permite, con muchas restricciones, la captura de salmón. La normativa portuguesa mantiene abierta una pequeña ventana para la pesca del salmón, fundamentalmente ligada a artes tradicionales y a un número muy limitado de licencias.

“Lo que haces es permitir que otras regiones se aprovechen. No estás haciendo nada. Porque ese salmón al día siguiente se va a pescar en Portugal”, señala Virgilio Alonso.

La pesca de salmón en el Minho portugués se concentra en el tramo internacional, entre la zona de Tui/Valença y la desembocadura, y se apoya en un sistema de cupos. Pero no siempre ha sido así, y “en las aguas internacionales del Miño eso era como la ley de la selva, y las administraciones no hacía nada”, denuncia Reija.

Portugal ha optado por mantener prácticas pesqueras históricas y un pequeño mercado local de alto valor, una asimetría difícil de explicar al pescador gallego.

Rasgos principales de la nueva campaña

La nueva temporada en el Miño gallego se caracteriza por tres rasgos principales: veda total del salmón, mantenimiento de la pesca de trucha y reo con las limitaciones generales de la orden anual y refuerzo del enfoque de conservación en aguas catalogadas como salmoneras.

Para el pescador deportivo, el río sigue siendo un escenario atractivo para otras especies, pero pierde uno de sus símbolos históricos. Para el sector profesional, la importancia del salmón ya era residual frente a otras especies como la lamprea o la anguila, aunque también estas están sometidas a una regulación cada vez más estricta. En el margen portugués, la temporada mantiene viva la imagen del salmón del Minho, pero lo hace sobre un equilibrio ya extremadamente frágil.

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