Rally de Ourense: Esta joya no necesita caja fuerte

SU PESO EN ORO

El Rally de Ourense volvió a demostrar que está en el ADN provincial con una edición tan exigente para los pilotos como satisfactoria para el público

El Citroën de David Delgado  y Cristóbal Alonso, de la Escudería Luíntra, durante una de las pasadas al tramo de Toén.
El Citroën de David Delgado y Cristóbal Alonso, de la Escudería Luíntra, durante una de las pasadas al tramo de Toén. | José Paz

Su valor es incalculable. No hay tasador que se atreva, siquiera, a hacer una estimación. El Rally de Ourense vale su peso en oro y lo volvió a demostrar un año más. Cuando ni el covid pudo con la prueba en su momento, por algo será. La edición número 59 cumplió con las expectativas. Incluso las superó. Hubo espectáculo sobre el asfalto, multitud de gente en las cunetas, tanto de día como de noche, calor, accidentes y un ambiente de gala. Un menú que supera al de cualquier restaurante con primer plato, segundo, postre café y chupito. Ourense es el rally y el rally es Ourense y eso está más metido en el ADN de la gente que la espada Excálibur en la roca.

Y eso que todo empezó con una mala noticia. Javier Pardo, gran esperanza local y defensor del título, dijo adiós antes de que el crono empezase a funcionar. Un accidente duro en forma y fondo. Pero, a grandes males grandes remedios y el show debe continuar. Y lo hizo con Álvaro Muñiz reclamando los focos. Su nombre sonaba en una segunda línea de favoritos en la previa, aunque rápidamente se hizo acreedor de la etiqueta de favorito. Dominador desde el hola hasta el adiós para inscribir su nombre en la larga y prestigiosa lista de ganadores del Rally de Ourense. Ni un fallo en el debe del piloto coruñés, que bajó marchas en el último tramo para evitar líos finales e innecesarios.

Tampoco le fue mal a “Cohete” Suárez, segundo en la general para afianzar su liderato en el Supercampeonato. El asturiano fue más cerebral que en otras ocasiones, se contentó con lo que tenía, que no era poco, y dejó los ataques “suicidas” para ocasiones mejores.

Aunque el rally va más allá de los coches, los tiempos y los resultados. Que sí, para eso es para lo que están todos allí, claro. Pero la prueba también puede presumir de su marea humana. No importa el tramo, ni la hora ni los grados que marque el termómetro. Las cunetas se llenan de personas, gorras, neveras, especiales de La Región… Una mezcla que desprende pasión por los cuatro costados. Una especie de procesión monte arriba que tutearía a cualquiera de la Semana Santa. Que el gran valor del Rally de Ourense es su gente, no lo duda nadie a estas alturas.

Y todo terminó en el lugar que empezó. El entorno del Parque de San Lázaro sirvió para la ceremonia de salida el jueves y para entregar los premios ayer con un cielo tormentoso que obligaba a darse tanta prisa como en una recta del primer tramo cronometrado. Besos, abrazos, fotos para ti, autógrafos para mí, y una sensación de deber cumplido mezclada con la nostalgia propia de un final. “No llores porque terminó, sonríe porque sucedió”, dice el típico tópico de moda, atribuido (de aquella manera) a García Márquez.

Porque la organización de Escudería Ourense, con Jano Fraga a la cabeza, lleva tiempo maquinando la edición número 60. ¿Volverá el tramo urbano? ¿Se modificará el nocturno? ¿Tocará volver al Cañón del Sil? Preguntas que se hacen los pilotos y los aficionados y que tendrán respuesta a su debido momento.

El Rally de Ourense bajó el telón de su edición 59. Una experiencia completa, tanto para el que gana como para el que no puede terminar. Todos suman, nadie resta. Una prueba que es la joya de la corona y que no necesita caja fuerte, al contrario, está abierta al disfrute de todos, todas, mayores y pequeños. Eso es lo que impulsa a un rally que seguirá cumpliendo décadas y dejando historias para escribir unos cuantos libros.

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