A Veiga de Cascallá teme que se repita el incendio de 2022
DESALOJOS Y DEMOLICIONES
Tres años después del fuego la vegetación más próxima al pueblo preocupa a los vecinos
El 18 de julio de 2022 las llamas entraron en el núcleo de A Veiga de Cascallá (Rubiá), procedentes del entorno de Éntoma, obligando a desalojar a sus habitantes y devorando más de una decena de construcciones. Lo recordaba ayer un vecino, refiriéndose al fuego que un rayo provocó en Riodolas (Carballeda de Valdeorras), aldea que dista a aproximadamente 20 kilómetros en línea recta, para propagarse rápidamente a causa del viento y dañar 10.500 hectáreas y aproximadamente 70 construcciones de los municipios de Carballeda, Rubiá y O Barco. “Aínda afecta psicolóxicamente, pois ves os pobos rodeados de monte”, comentó Miguel Moldes. Natural de A Veiga de Cascallá, pero con domicilio en Málaga, recordaba que esa noche la pasó “pensando qué facer cos pais” que viven en el pueblo.
En mayo de 2023, los investigadores apuntaban que la regeneración del monte serían necesarios otros tres años, incluso aunque el verde volviese a aparecer, como así sucedió. Pero es precisamente la vegetación que vuelve a crecer en las proximidades del pueblo lo que más preocupa a los vecinos. “Hai moito monte”, comentó Filomena Cabo. Esta vecina de A Veiga de Cascallá tampoco olvida aquel aciago 18 de julio de 2022. “Tiven que marchar. Obligáronnos. É malo de olvidar”, dijo. Inmediatamente, confirmó que la preocupación aún está presente en el pueblo, donde “hai moito medo”.
Maleza
Pedro Barrio también vivió aquellos momentos: “Para quen o viu foi terrible. A min gústame a carne á brasa e teño unha barbacoa, pero non volvín usala”. Este vecino aseguró que los vecinos limpiaron los alrededores del pueblo, pero sus esfuerzos parecen no bastar. “A xente vai maior e antes aínda había rebaños. Cando era rapaz estaba todo limpo”. En términos parecidos se pronunció Miguel Moldes. “Hai moita maleza. Estamos expostos a que volva a suceder e a xente é maior”, comentó. Además, aludió a unas normativas de las administraciones que se vuelven muy restrictivas a la hora de acometer la limpieza de terrenos, especialmente los próximos a los cauces: “Aos que poden axudar a limpar non os deixan”.
Algunas construcciones dañadas por las llaman fueron recuperadas por sus dueños, pero no todas. Muchas de las usadas como segunda vivienda quedaron destruidas y sus propietarios prefirieron comprar otras a reconstruirlas.
En todo caso, en el pueblo aseguran que siguen arrastrando problemas desde el incendio. Uno es el de la telefonía, que es el que está detrás de un mayor malestar. “O noso teléfono está estropeado cada pouco”, comentó José Antonio Corcoba. También la mala cobertura dificulta el uso del teléfono móvil.
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