Disfagia: cuando la dificultad al tragar sí tiene importancia
VIDA OURENSANA
Los problemas en los procesos alimenticios pueden derivar en graves complicaciones
Antes de seguir comiendo, muchas personas necesitan beber agua para ayudar a que el alimento baje. Otras tosen cada vez que toman un sorbo o sienten que la comida se queda detenida durante unos segundos en la garganta.
Estos episodios suelen atribuirse al paso de los años o a un simple atragantamiento, pero cuando se repiten pueden ser el primer aviso de una disfagia, un trastorno que dificulta la deglución y que, sin un diagnóstico adecuado, puede llegar a provocar importantes problemas de salud.
La disfagia consiste en la dificultad para trasladar alimentos o líquidos desde la boca hasta el estómago. Puede aparecer de forma progresiva o repentina y afectar tanto a sólidos como a líquidos. Aunque es más frecuente entre las personas mayores, no es una enfermedad exclusiva de este grupo de edad y tampoco debe considerarse una consecuencia normal del envejecimiento.
En España se estima que alrededor del 5% de la población adulta presenta algún grado de disfagia, una cifra que aumenta considerablemente entre los mayores de 70 años y en pacientes con enfermedades neurológicas o ingresados en hospitales y residencias. Sin embargo, los especialistas advierten de que sigue siendo un trastorno poco reconocido, ya que muchas personas no consultan hasta que los síntomas son muy evidentes o aparecen complicaciones.
Causas
Las manifestaciones pueden variar según el origen del problema. Algunas personas tienen dificultades para iniciar la deglución, necesitan varios intentos para tragar o presentan tos al beber agua porque parte del líquido pasa hacia la vía respiratoria. Otras notan que el alimento desciende lentamente por el pecho o que queda retenido durante unos instantes antes de llegar al estómago. En ocasiones, el bolo alimenticio puede llegar a bloquear completamente el esófago, impidiendo seguir comiendo y obligando incluso a acudir a un servicio de urgencias para extraerlo mediante una endoscopia.
Las causas de la disfagia son muy diversas. En la denominada disfagia orofaríngea, el problema suele localizarse en la boca o la garganta y es habitual en personas que han sufrido un ictus o padecen enfermedades como el Parkinson, el Alzheimer, la esclerosis múltiple o la esclerosis lateral amiotrófica. También puede aparecer como consecuencia del propio envejecimiento, aunque no todas las personas mayores la desarrollan.
Cuando la dificultad se encuentra en el esófago, las causas suelen ser diferentes. El reflujo gastroesofágico mantenido en el tiempo puede producir estrechamientos que dificultan el paso de los alimentos. También puede deberse a enfermedades inflamatorias, como la esofagitis eosinofílica, un trastorno cada vez más diagnosticado en adultos jóvenes, especialmente en hombres. A ello se suman alteraciones del movimiento del esófago o, en menor medida, tumores que requieren un diagnóstico precoz.
Consecuencias
Más allá de la incomodidad que supone comer con dificultad, la disfagia puede tener consecuencias importantes. La más conocida es la aspiración, que se produce cuando alimentos o líquidos pasan a las vías respiratorias en lugar de seguir el camino hacia el estómago. Esta situación puede desencadenar infecciones pulmonares.
Además, el miedo a atragantarse hace que muchos pacientes reduzcan la cantidad de alimentos y líquidos que consumen. Como consecuencia, pueden aparecer desnutrición, deshidratación, pérdida de peso y una disminución de la masa muscular.
El tratamiento depende siempre de la causa que origine la disfagia. En los casos relacionados con problemas de la deglución, la rehabilitación mediante ejercicios dirigidos por logopedas, suele mejorar notablemente la seguridad al comer, lo que supone también adquirir hábitos diarios y constantes.
Aunque no siempre es posible prevenir su aparición, sí se pueden reducir los riesgos asociados. Comer despacio, masticar bien los alimentos, permanecer sentado durante las comidas y evitar distraerse mientras se come son hábitos que favorecen una deglución más segura.
Sobre todo, los especialistas insisten en no normalizar síntomas como la tos frecuente al beber agua, la sensación de que la comida se queda atascada o la necesidad constante de ayudar a tragar con líquidos. Consultar a tiempo permite identificar el origen del problema y evitar complicaciones que, en muchos casos, pueden prevenirse con un tratamiento adecuado.
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