Silvia Suárez Luque, jefa de Salud Ambiental de Sanidade: “En Ourense, la adaptación al calor es social y de comportamiento”

RIESGO PARA LA SALUD

La responsable de Salud Ambiental de la Xunta, Silvia Suárez Luque, explica cómo se activan las alertas, por qué las noches tropicales preocupan especialmente y qué medidas ayudan a reducir los riesgos para la salud durante las olas de calor

Silvia Suárez Luque, responsable de Salud Ambiental de la Xunta.
Silvia Suárez Luque, responsable de Salud Ambiental de la Xunta. | Xunta de Galicia

Silvia Suárez Luque (Avilés, 1976), jefa de servicio de Salud Ambiental de la Consellería de Sanidade explica cómo se calculan las alertas sanitarias por altas temperaturas, por qué el calor no se mide solo en grados centígrados y cómo vive Ourense estos meses de gran complejidad.

Pregunta. Cuando Sanidade activa una alerta por calor, ¿qué está midiendo exactamente?

Respuesta. Una alerta por calor de salud pública se emite porque se espera un riesgo para la población provocado por exceso de temperatura. Para elaborar el mapa tenemos en cuenta los episodios definidos por MeteoGalicia, basados en máximas, mínimas y continuidad en el tiempo, y el sistema MeteoSalud, desarrollado por el Ministerio de Sanidad, que emplea datos de la Aemet y del MoMo, que estima el exceso de mortalidad asociado a altas temperaturas. Combinamos ambos sistemas.

P. ¿Para qué sirve esa alerta sanitaria?

R. Para emitir recomendaciones a la población y prestar especial atención a los más vulnerables: mayores de 75 años, personas con enfermedades crónicas, niños y, sobre todo, bebés, porque todavía no tienen maduro el sistema de termorregulación. También avisamos a los servicios sanitarios, porque puede esperarse un aumento de consultas o ingresos.

P. El MoMo atribuye muertes a la temperatura, pero no es un recuento directo. ¿Cómo debe entenderse?

R. Es un sistema de estimaciones basado en análisis estadísticos. Compara la mortalidad esperada con la observada y, si hay más muertes de las previstas y se superan determinados umbrales de temperatura, estima que ese exceso puede atribuirse a ella. Es una herramienta, no significa que todas esas muertes estén certificadas individualmente por calor. Lo más fiable es cuando un médico determina directamente esa causa, aunque también hay patologías crónicas que pueden agravarse con las altas temperaturas.

P. ¿Tiene sentido hablar de una mayor tolerancia ourensana al calor?

R. Científicamente no podemos afirmarlo así, porque todavía no hay evidencia suficiente para decir que la población se adapta fisiológicamente al calor. Lo que sí existe es una adaptación social y de comportamiento. En Ourense es difícil encontrar lugares públicos sin aire acondicionado. En zonas donde no hay altas temperaturas durante mucho tiempo, eso no siempre ocurre. A medida que hay más episodios, la sociedad adapta casas, espacios públicos y rutinas.

P. ¿Tenemos los hábitos más interiorizados?

R. Sí. En Ourense tenéis clarísimo que es una sartén y que al mediodía no se pueden hacer determinadas actividades deportivas, por ejemplo. Además, se siguen las recomendaciones sobre comidas frías, evitar alcohol o cafeína, hidratarse con frecuencia… Todo eso empieza el verano y ya lo tenéis interiorizado. En otras zonas, cuando aparece un episodio inesperado, la gente sigue haciendo su vida y no cambia rutinas.

P. Pero Ourense también es una provincia muy envejecida. ¿Eso aumenta el riesgo?

R. Sin duda. Las personas mayores son especialmente vulnerables porque el sistema de termorregulación se deteriora y, además, tienen menos sed. La edad también suele ir acompañada de más enfermedades crónicas. Una persona con problemas de corazón, por ejemplo, nota mucho más los efectos del calor.

P. Ahí entra también la desigualdad social.

R. Clarísimamente. Está demostrado que la vulnerabilidad social influye. Las personas con menos recursos tienen más dificultades para adaptarse a las temperaturas. Si vives en una casa donde no puedes tener aire acondicionado, es mucho más difícil cuidarte. Y si no descansas bien por la noche porque hace calor, al día siguiente estás más cansado y rindes menos.

P. ¿Qué le pasa al cuerpo cuando se encadenan varios días de altas temperaturas?

R. El primer día responde mejor porque todavía no está suficientemente cansado o estresado. Pero si la situación continúa, el cuerpo ya no está igual. No ha descansado y el calor le impide desarrollar sus funciones con normalidad. Es parecido a cuando estás enfermo varios días: aunque te recuperes, después sigues cansado.

P. Por eso preocupan tanto las noches tropicales.

R. Exacto. Lo bueno de Galicia es que muchas noches todavía refresca. Cuando baja la temperatura, el cuerpo puede descansar y tiene unas horas de recuperación.

P. ¿Qué plantea el cambio climático para la salud pública?

R. Es un reto importantísimo. Provoca fenómenos meteorológicos más extremos: olas e calor más intensas y temperaturas más altas- Estamos en la segunda semana de julio y ya llevamos dos episodios largos. También favorece la proliferación de vectores de transmisión de enfermedades, como mosquitos y garrapatas.

P. ¿Cómo debe responder el sistema sanitario?

R. Con anticipación. Tenemos que asegurar recursos con garantías sanitarias y contar con sistemas de respuesta ágiles. Eso intentamos con todo lo que hacemos ante el calor. Si los sistemas indican que puede haber temperaturas elevadas al día siguiente, avisamos el día anterior para que la población siga las recomendaciones y los servicios sanitarios estén preparados.

P. ¿La población se toma en serio las alertas?

R. Creo que sí. Sobre todo en situaciones muy claras como cuando ve una alerta roja y sale de casa y hay 40 grados en la calle. Ahí se da cuenta de que no puede hacer vida normal aunque quisiera. Tenemos que afinar bien para alertar cuando sea necesario y por eso evaluamos constantemente lo que hacemos. Las recomendaciones están para proteger la salud y es importante seguirlas.

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