Un glioma de bajo grado puede llegar a suponer 332 días de baja al año
VIDA SANA
Los pacientes con este tipo de tumores sufren recaídas y secuelas que alteran su vida y la de su entorno
Un estudio médico reciente reveló que las pérdidas de productividad asociadas al glioma de bajo grado con mutación IDH, tumor cerebral primario, oscilan entre 4.327 euros anuales en las fases iniciales de la enfermedad y 16.036 euros al año tras el tratamiento con quimioterapia y radioterapia.
Así lo indica el “Informe económico y social Servier-Fundación Weber”, que fue presentado junto al “Documento de consenso multidisciplinar para el abordaje del glioma de bajo grado con mutación IDH”.
Los gliomas de bajo grado con mutación IDH representan el 80 por ciento de los gliomas de bajo grado y afectan principalmente a personas entre 36 y 45 años. Aunque su incidencia en España es baja, aproximadamente 0,51 casos por 100.000 habitantes, los expertos aseguran que su impacto es profundo, ya que los pacientes sufren recaídas y secuelas que alteran tanto su vida como la de su entorno.
Los datos muestran que durante la vigilancia activa inicial los pacientes cursan una media de 45 días de baja al año y el 80 por ciento mantiene la autonomía. Durante la primera radio y quimioterapia, la situación cambia drásticamente: los pacientes acumulan 332 días de baja anuales y la dependencia funcional se vuelve severa, manteniéndose incluso tras el tratamiento.
Momento terapéutico
El informe económico describe un ciclo asistencial de una década, con etapas que combinan cirugía, vigilancia activa, radioterapia y quimioterapia. Cada fase implica cambios en la autonomía del paciente, días de baja laboral y una carga creciente para los cuidadores.
“El glioma con mutación IDH mutado ilustra cómo la elección del momento terapéutico tiene repercusiones más allá del ámbito clínico. Posponer la radio y la quimioterapia, siempre que la situación del paciente lo permita, ayuda a minimizar la carga social asociada a la enfermedad”, señaló el economista de la salud, coautor del análisis socioeconómico y profesor de la Universidad Carlos III, Jorge Mestre-Ferrándiz.
Por su parte, Cristóbal Belda, oncólogo e investigador y director general médico del Grupo HM Hospitales, destacó la importancia de integrar la evidencia en la toma de decisiones: “Estamos ante una enfermedad que avanza de forma silenciosa, pero cuyo impacto es enorme. La ciencia nos dice que prolongar la vigilancia activa es seguro en muchos pacientes y que las secuelas de los tratamientos son menores. Este consenso es un paso decisivo para alinear práctica clínica, evidencia y calidad de vida”.
Problemas de salud mental
Más del 90 por ciento de los pacientes experimenta recurrencia del tumor a largo plazo, el 70 por ciento no puede volver a trabajar a tiempo completo un año después del diagnóstico y hasta el 20 por ciento desarrolla depresión grave.
Una gran parte de los pacientes desarrollan problemas de salud mental, especialmente estrés, incluyendo trastorno de estrés postraumático ( más del 60%) y ansiedad (35-50%). Los pacientes requieren sesiones de fisioterapia, psicoterapia, neurorrehabilitación y logopedia, así como dispositivos para la movilidad, cuyos costes deben afrontar directamente el paciente y sus familiares.
El consenso pone de relieve la necesidad urgente de mejorar la detección temprana y el acceso al diagnóstico molecular de precisión, reforzar la coordinación multidisciplinar mediante redes colaborativas, garantizar un acceso equitativo a terapias innovadoras y ensayos clínicos, incorporar de forma sistemática la atención psicosocial y de soporte, y reconocer el impacto laboral y económico de la enfermedad.
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