INTENTO DE SECUESTRO A MENORES
Una ourensana huye de un calvario de abusos en Londres e intentan atropellarla
INTENTO DE SECUESTRO A MENORES
Carina G. E. (37 años) diseñó su huida del domicilio familiar en Londres con la precisión de quien se sabe vigilada. Su billete a la libertad fue una mentira piadosa: una visita familiar a Ourense en las Navidades de 2025 para que sus hijos vieran a sus abuelos. Atrás, en la capital británica, pretendía dejar un calvario iniciado en 2021, un historial de violencia física, psicológica y sexual bajo el control de su expareja, el británico Shahidur R. Pero la violencia de género no conoce fronteras.
Lo que debía ser una reunión para pactar una separación civilizada en la vivienda alquilada de San Cibrao se convirtió en una escena violenta. Según el atestado de la UFAM de la Policía Nacional, Shahidur recibió a Carina arrojando todas sus pertenencias por la ventana. “Te vas a enterar, no sabes con quién te estás metiendo”, le espetó antes de subir a su coche y lanzarlo contra ella. Hasta en tres ocasiones, la víctima tuvo que saltar para evitar ser arrollada, tal como relató a la Policía. Frustrado, el agresor dirigió el vehículo hacia un parque cercano donde el hermano de la víctima custodiaba a los niños. Allí, entre insultos y escupitajos, intentó meter a los menores en el coche por la fuerza. No lo consiguió, pero antes de huir hacia el aeropuerto para regresar a Londres, les hizo una fotografía con el móvil. Un último gesto de control.
El atestado policial revela un escenario de sometimiento absoluto en la capital británica. Tras un embarazo imprevisto a los seis meses de relación, Shahidur desplegó una red de aislamiento: Carina no podía trabajar, no podía estudiar y vivía bajo el “vacío total” de la familia de él, que la despreciaba por extranjera y le imponía la cultura musulmana de forma coercitiva.
Las vejaciones eran diarias. La llamaba “foca” o “rinoceronte” para minar su autoestima mientras le exigía relaciones sexuales cada día, incluso durante embarazos de riesgo o en el postoperatorio de sus cesáreas. En una ocasión, estando embarazada de ocho meses, él la asfixió contra la nevera por el simple hecho de haber pasado por delante de él mientras rezaba. Solo la irrupción de su hija pequeña en la cocina evitó una tragedia mayor.
Shahidur, a quien la víctima vincula con actividades peligrosas, la convenció de que la justicia británica le arrebataría a los niños si confesaba los abusos. Esa manipulación la llevó a mentir ante los servicios sociales en Londres y a sufrir en silencio un cuadro de ansiedad severo por el que hoy sigue medicada.
Tras los hechos de Ourense, el sistema VioGén ha calificado el riesgo como “medio”. La titular del Juzgado de Violencia de Género ha dictado una orden de alejamiento de 200 metros y la prohibición de comunicación con la víctima. Sin embargo, el auto ha caído como un jarro de agua fría en la defensa.
La abogada de Carina, María Álvarez Rodríguez, ya ha recurrido la decisión judicial. El motivo: la absoluta falta de medidas de protección para los dos hijos menores. El riesgo de sustracción es, para la defensa, “altísimo”. Shahidur retiene los pasaportes y certificados de nacimiento de los niños en el Reino Unido. “Los niños no solo han presenciado los golpes y las asfixias en la cocina de su casa, sino que han sufrido un intento de secuestro en un parque de Ourense”, recuerda la letrada.
Carina vive hoy refugiada en la casa familiar, con el miedo de que el hombre que intentó atropellarla regrese para cumplir su promesa.
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