Los dardos, de Alicante a Río por una pasión compartida
10 DIANAS
Durante tres días, el pabellón municipal de Río cambió el silencio habitual por el sonido de los dardos clavados en las 10 dianas, las conversaciones y amistades de este encuentro.
El sonido rítmico del clac, clac, clac se convirtió durante tres días en la banda sonora de San Xoán de Río. En el pabellón municipal, 10 dianas reunieron a jugadores, aficionados y vecinos en torno a una misma pasión. Hubo competición, música, comida y muchas ganas de pasarlo bien. Pero, sobre todo, hubo amistad.
El torneo, el primero de esta modalidad en Terras de Trives, nació de la mano de un grupo de amigos y jugadores que quiso hacer algo más que un campeonato. “Potenciar también la afición a los dardos y, sobre todo, enfocarlo a una fiesta”, explica Saúl González Rojo, uno de los organizadores y miembro del equipo de los Palomos.
La idea era que todo el mundo tuviese su sitio, tanto los que competían como quienes se acercaban a mirar, charlar o disfrutar de la churrascada y la música. Para hacer posible la ilusión de este equipo de darderos, Palomos A, tuvieron que organizar todo en poco tiempo y conseguir diez dianas. El esfuerzo tuvo su recompensa: llegaron participantes de lugares como Alicante, Ferrol, Moaña, Santa Comba, Ponferrada, Monforte y Ourense.
La visita de jugadores de fuera también se notó en las calles y en los negocios locales. “Le dieron vida al pueblo en este fin de semana”, cuenta Saúl, que destaca el apoyo de los vecinos y del Concello. Porque, en una localidad pequeña, organizar una cita así supone trabajo, pero también una oportunidad para reunir gente y dar movimiento al municipio. La organización espera que esta primera experiencia tenga continuidad. “El sueño real” es mantener este tipo de torneos año tras año, mejorar los pequeños errores de esta edición y seguir atrayendo a jugadores de alto nivel. También quieren animar a más jóvenes de la zona a descubrir los dardos.
Con campeón del mundo
Uno de los grandes atractivos fue la presencia de Ricardo Pérez Ibarra, conocido como Riky, campeón del mundo de dardos electrónicos. Llegó desde Alicante después de varias horas de viaje y gracias a la ayuda de amigos que lo recogieron en Ourense. No vino por un premio ni por una gran competición internacional. Vino por amistad. “Al final llegué aquí por amistad”, resume. La relación con Saúl, su equipo “Palomos A” y con otros jugadores gallegos fue la razón que lo llevó hasta San Xoán de Río. Cuando le propusieron participar, buscó un fin de semana libre y aceptó la invitación. Después, habló con otros conocidos para animarlos a viajar con él.
El trayecto fue largo: desde su localidad de Alicante hasta Madrid, después otro tren hasta Ourense y, finalmente, carretera hasta el pueblo. Un viaje muy distinto a los que realiza para competir en grandes citas internacionales, pero en el que no faltaron anécdotas como ver su primer jabalí de Ourense a Río.
Riky sabe bien lo que es jugar en escenarios de primer nivel. Ha ganado títulos mundiales, siendo campeón mundial en Hong Kong, Corea del Sur y Las Vegas. Sin embargo, esta vez cambió los grandes campeonatos por un pabellón municipal gallego.
“No es normal que haya sitios tan pequeñitos como este que se animen a hacer esto, así que también me gusta colaborar”, dice. También reconoce el esfuerzo que supone organizar un torneo de estas características en un pueblo pequeño.
Los dardos crean familia
Esta afición va mucho más allá de lanzar dardos y ganar partidas. Una amistad que hace que alguien esté dispuesto a cruzar buena parte del país para apoyar el proyecto de unos compañeros. Esa cercanía también se vio durante el torneo. Riky se hizo fotos, firmó camisetas y compartió tiempo con los aficionados. Saúl destaca su trato con la gente y su disposición para resolver dudas y conversar con los participantes.
Al final, el torneo dejó mucho más que partidas y resultados. Durante un fin de semana, San Xoán de Río recibió visitantes, llenó sus espacios de encuentros, y entre el sonido de las dianas, las risas y los reencuentros quedó una idea sencilla: a veces, una afición puede unir lugares muy lejanos. Incluso una pequeña localidad gallega y la ciudad de Alicante. Porque, para llegar hasta Río, este campeón de dardos no necesitó un gran premio. Le bastó la amistad.
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