La berrea otoñal acumula visitas en la comarca de Trives

COMIENZO DEL OTOÑO

Los bramidos de los ciervos ya se escuchan en las montañas del Macizo Central ourensano, despertando el interés de cada vez de más aficionados, que pertrechados de prismáticos y mucha paciencia aguardan este espectáculo natural

Ciervo de gran tamaño atendiendo a cada movimieto que siente.
Ciervo de gran tamaño atendiendo a cada movimieto que siente. | Adrián Álvarez

Cuando cae la tarde y también al amanecer, los bramidos de los ciervos se escuchan entre los montes de Queixa, Manzaneda y Vilariño. El Macizo Central está en plena berrea.

Es una de esas escenas que anuncian que el otoño ya está aquí. Los machos comienzan a competir por las hembras y utilizan sus fuertes bramidos para marcar su presencia y avisar a otros ejemplares de que están allí.

El sonido puede escucharse desde bastante distancia. Y quizá ahí esté parte de su encanto. No hace falta estar al lado de un ciervo para vivir la berrea. Basta con acercarse al monte, buscar un buen lugar y esperar. Con algo de suerte, además de escucharlos, también se pueden ver entre los claros y las laderas.

Cada año, y durante un mes aproximadamente, son más los vecinos que no quieren perderse este espectáculo. Al caer la tarde, es habitual encontrar a aficionados a la naturaleza preparados con sus prismáticos para intentar localizar a los animales, aunque no resulta tarea fácil. “Non son tan fáciles de ver, hai que saber un pouco dos sitios, ter moita paciencia e traer prismáticos para disfrutar ben”, explica Adrián Álvarez, vecino de Manzaneda.

Lo que comienza como una visita para escuchar la berrea acaba convirtiéndose para muchos en una pequeña costumbre de otoño: volver al día siguiente, y al otro, para intentar ver de nuevo a los ciervos. “Eu teño subido ata 15 días seguidos, pois a min o mundo dos animais gústame moitísimo e dame tranquilidade estar na serra vivindo esto de cerca”, añade el joven.

El amanecer y el final del día son los mejores momentos para disfrutar de este sonido, aunque nunca se sabe dónde aparecerán los animales. Disfrutar del momento en silencio y sin moverse, es fundamental. “Paz é esperanza de ver que a nosa serra volta a cobrar vida pese o despropósito do ser humano” es lo que siente Albino Caneiro, también de Manzaneda, cuando sube a estas montañas de Manzaneda y Vilariño a escuchar la berrea acompañado por su cámara y siguiendo cada paso de los ciervos durante horas.

Para muchos vecinos, la berrea se ha convertido ya en una cita más del otoño. Una excusa para ponerse las botas, coger los prismáticos y acercarse a la sierra cuando empieza a caer la tarde, aunque tienen claro que son muy celosos de lo suyo. “Non me gustaría que esto se convertise nun parque de atraccións”, subraya Albino.

No siempre se consigue ver a los ciervos. A veces solo se escuchan. Pero ese bramido lejano, entre las montañas, es suficiente para querer volver.

En Queixa, Manzaneda y Vilariño, el otoño vuelve a tener sonido propio. Y cada tarde, cuando los ciervos comienzan a bramar, son más quienes se acercan al monte.

Además de los ciervos no son los únicos protagonistas de estas montañas. Quienes se acercan con paciencia también pueden encontrarse con otros habitantes de la sierra, como las cabras montesas.

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