Carla Maronda y la gratitud de vivir “aquellas pequeñas cosas”

SUPERACIÓN PERSONAL

Tras sufrir la amputación de sus extremidades por un choque séptico, Carla Maronda reconstruyó su vida gracias al apoyo colectivo y una mezcla de disciplina y humor. Hoy es abogada, escritora y fundadora de la entidad “Tus manos son mis manos”.

Carla Maronda, con sus prótesis robóticas.
Carla Maronda, con sus prótesis robóticas.

El día que Carla Maronda (Valencia, 1998) volvió a abrir los ojos, no lo hizo de una siesta vespertina o para iniciar otra jornada común; lo hizo sin entender del todo qué había sucedido, sin poder preguntar por qué estaba en una habitación de hospital. Una operación sin relevancia para extirpar un quiste derivó en un choque séptico y, tras 12 días en coma, la realidad para la joven vaticinó un recomienzo lleno de dificultades. La hospitalización requirió priorizar su vida y, en un plazo donde el tiempo no daba más prórroga, debió someterse a una amputación de piernas y brazos.

Carla decidió también lanzarse al mundo de la escritura para narrar su vida

Sin embargo, la propia Carla no se define por lo que sucedió entre marzo y mayo de 2024, sino por la mujer que ha continuado con su vida “como una persona muy inquieta, disciplinada, bastante cabezota, que siempre tiene algún proyecto en mente, a la que le gusta muchísimo vivir”. Su caso ha tenido una relevancia que Carla, en primera instancia sin poderlo asimilar completamente, decidió aprovechar para, además de contar su historia, visibilizar a quienes sufren amputaciones y necesitan acceder a servicios y prótesis que les permitan una mayor independencia. Abogada, conferenciante, amazona, creadora de contenido, Carla decidió también lanzarse al mundo de la escritura para narrar su vida con “El día que volví a abrir los ojos” (Kailas Editorial, 2026).

Carla necesitaba transmitir lo que había sucedido, reconstruirlo de forma ordenada porque “cuando vives algo tan grande, hay una parte de la historia que tú ni siquiera conoces”, y Kailas Editorial supuso para ella la oportunidad de “contar qué pasa cuando un día tu vida cambia radicalmente y tienes que decidir qué hacer después”.

Carla Maronda en la portada de su libro.
Carla Maronda en la portada de su libro.

Repasar todas las incógnitas

Pero lejos de cualquier romantización en torno a escribir, Carla debió compaginar la redacción de su libro con sus estudios, pues se encontraba cursando un doble máster, además de la imprescindible rehabilitación. “Fue una locura, porque yo siempre tengo la maravillosa costumbre de meterme en veinte cosas a la vez”, afirma con humor, y es precisamente esta característica suya uno de los elementos capitales que le permitieron darse ánimo y sobrellevar la carga psicológica a la que se enfrentaba: “El humor siempre ha formado parte de mí, y creo que eso, en resumidas cuentas, es lo que puede ayudar a los demás. No dramatizar las cosas en exceso, seguir hacia delante”, sentencia.

Su libro, que ya va por la tercera edición, ha sido para ella una forma de repasar todas las incógnitas surgidas a partir de ese día al desconocer si “volvería a caminar, ser autónoma, si terminaría mis estudios, podría ejercer como abogada, volvería a montar a caballo…”. Las respuestas a esas interrogantes, a dos años de aquel suceso y con un libro de por medio, son contundentes: “Terminé mis estudios, volví a montar, he dado charlas en muchos lugares, recuperé muchísima autonomía y he abierto mi propio despacho”, destaca.

La empatía tiene múltiples formas de manifestarse

Aunque otra circunstancia inspiradora le permitió, en medio de su proceso de recuperación, comenzar a asimilar cómo la empatía tiene múltiples formas de manifestarse, y ello lo comprobó cuando tuvo sus primeras prótesis impresas en 3D costeadas por “mi entorno, gente de Xàtiva, asociaciones, personas que me conocían y muchísimas que ni siquiera me conocían personalmente empezaron a organizar iniciativas para ayudar, y hay algo muy emocionante en pensar que muchas personas decidieron que un problema que, en principio, era mío, también les importaba a ellas”.

“Tus manos son mis manos”

Para Carla es difícil explicar la gratitud que siente hacia tantas personas que colaboraron en su recuperación; sin embargo, la mejor forma de expresarlo fue creando la asociación: “Tus manos son mis manos”. Con esta iniciativa, Carla busca “ayudar a personas amputadas, aconsejar, acompañar y apoyar económicamente en lo que se pueda en el entorno de la Comunidad Valenciana. Y creo que de ahí también cobra muchísimo sentido el nombre de la asociación. De alguna manera, nuestras manos también pueden ser las de otras personas”. Pero todavía queda mucho por reclamar, sobre todo en el ámbito institucional, porque “como digo en mi libro, no es caridad, es dignidad”.

Tener planes para mañana

Entre las lecciones aprendidas por la joven, la capacidad de valorar “aquellas pequeñas cosas”, como la canción de Serrat, significa para ella comprender que su historia no implica “vivir algo terrible para hacer cosas extraordinarias”. Aspectos como “decidir qué hacer con mi día, trabajar en algo que me apasiona, estar con las personas que quiero o simplemente tener planes para mañana” son los que asume como realmente valiosos.

En su filosofía de vida, hay tres elementos que ha reforzado: valor, ambición y disciplina. En mayo publicó un libro y hace pocas semananas abrió su bufete. Es esa constante de mantenerse inquieta pero determinada lo que le ha permitido a Carla Maronda atravesar dificultades sin que los obstáculos pasados y los futuros puedan detenerla. Concluye Carla: “Si hay algo que quiero que defina mi historia no es todo lo que perdí. Es todo lo que, después de volver a abrir los ojos, he decidido seguir viviendo, salir, reírme, aprovecharlo todo”.

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