Tamara Balboa
TRIBUNA
Moito máis ca un ximnasio: Vilardevós ten viño, ganadeiría, servizos e futuro
EDITORIAL
Pedro Sánchez tenía una ocasión excepcional. Toda España estaba pendiente de una sola pregunta: ¿habría elecciones anticipadas? Millones de ciudadanos esperaban la respuesta y los medios de comunicación calentaban los dedos tensos sobre el teclado. Ningún candidato podría soñar un auditorio semejante para inaugurar una campaña. Fue como la noche de la pegada electoral, pero con el país con las neuronas recién despiertas y un solo candidato, sin nadie que le disputase espacio para colgar sus eslóganes de campaña.
Sublime utilización electoral de la Presidencia del Gobierno. Todo lo demás, absolutamente reconocible. Nadie como Sánchez maneja el arte de girar el guion con esa maestría. En resumen: el Gobierno quiso resolver el problema de la vivienda y la oposición se lo impidió; el Ejecutivo no dispone ahora de una mayoría suficiente para desarrollar sus políticas sociales y, por tanto, corresponde a los españoles decidir qué mayoría quieren: una comprometida con los más vulnerables o una ultraderecha cautiva de Vox y rendida a los intereses del capital y de los fondos buitres. Este vendría a ser el corazón del programa electoral socialista, avanzado por el inquilino del Palacio de la Moncloa.
Sánchez, que no paga alquileres pero ha visto impasible cómo subían durante sus mandatos, pretende ahora presentarse como el presidente al que la oposición ha querido impedir la aprobación de dos decretos que resolvían de un plumazo el problema de la vivienda. Extraordinario argumentario para quien lleva gobernando desde 2018. ¿Es posible que un Gobierno tan eficiente y comprometido haya tardado ocho años en descubrir la fórmula mágica? Se ve que sí.
No menos llamativa es la urgencia electoral. Sánchez justificó el adelanto electoral en la necesidad de transitar de la minoría insuficiente a una mayoría suficiente para desarrollar sus políticas. Sin embargo, durante toda la legislatura ha gobernado con idéntica aritmética parlamentaria. El 19 de junio de este mismo año, ante los periodistas en Bruselas, dijo con meridiana claridad: “Presentaremos los presupuestos en 2026 y habrá elecciones en 2027”. Entonces, hace poco más de tres meses, no había ni problemas de vivienda ni urgencia democrática.
La otra pieza del relato, viejo conocido: el miedo a la “derechona”. Sánchez vuelve a necesitar el flotador de Vox. Lo necesita tanto que corre el riesgo de convertirlo en el único triunfador en las urnas. Todo vale para intentar borrar del paisaje electoral al Partido Popular y presentar la elección como un combate entre el PSOE y la extrema derecha, omitiendo que entre ellos habita un partido, no lo olviden, el más votado en las últimas elecciones, que ha gobernado España en alternancia con el PSOE durante la mayor parte de la historia democrática de este país. Sánchez invoca de nuevo el milagro apelando no a sus éxitos sino a las siete plagas que caerán sobre España si Fejióo alcanzase el Gobierno a lomos de Abascal. El miedo vuelve a convertirse en el eje del programa socialista.
Asistimos al nuevo gran truco final de Sánchez, más Sánchez que nunca: se coloca al frente del descontento social, justificado pero oportunistamente alimentado e instrumentalizado por la izquierda, por un problema que su Gobierno ha sido incapaz de gestionar. La falta de vivienda genera indignación: Sánchez hace suya la indignación. Los jóvenes protestan porque no pueden emanciparse: Sánchez se erige en portavoz de su frustración. Los ciudadanos están hartos del precio de los alquileres: Sánchez más que ninguno de ellos.
Como si el Gobierno hubiera estado ocho años en la oposición. Como si la responsabilidad de gobernar correspondiera a quien no gobierna. El Ejecutivo, sus socios y los socios de los socios (pero no todos), han encontrado en la vivienda la casa común perfecta para repescar a su defraudado electorado, culpando a la derecha del sinhogarismo y del diluvio universal.
No es malo el plot twist (que diría Sánchez en su perfect english) para enganchar a esa juventud movilizada contra el sistema, que viene siendo él mismo. Le faltaba una pieza: incorporar a los sindicatos a la campaña, que presto y obedientes han respondido a la llamada al frente con una huelga general bajo el argumento de la defensa de la clase obrera, tan bien defendida durante estos ocho años de gobierno socialista (¿entonces, por qué la huelga general? A ver que guion no esconde alguna debilidad).
Abracadabra. Ahora los ves, ahora no los ves. Asombrosa desaparición, pero no tanto como la todavía abierta crisis migratoria de Ceuta"
El círculo se cierra. Es el plan perfecto: la vivienda ocupa el centro del escenario, del que se han bajado en un abrir y cerrar de ojos asuntos que hasta hace unas semanas marcaban los hitos de una convulsa legislatura. Desaparecen los escándalos judiciales que golpean al PSOE. Desaparecen de los titulares los dos últimos secretarios de Organización del partido, José Luis Ábalos y Santos Cerdán, ambos en prisión por corrupción. Desaparece el caso del hermano del presidente, David Sánchez, condenado por prevaricación a nueve años de inhabilitación. Y queda relegado a un segundo plano el procedimiento que llevará a Begoña Gómez, esposa del presidente, ante un jurado popular por presuntos delitos de tráfico de influencias y malversación. Abracadabra. Ahora los ves, ahora no los ves. Asombrosa desaparición, pero no tanto como la todavía abierta crisis migratoria de Ceuta. No se hablaba de otra cosa, hasta que Sánchez agitó el pañuelo en el aire y en una genialidad de las suyas volatilizó la crisis migratoria.
Y para finalizar el espectáculo, se abre de nuevo el telón y Sánchez, reencarnado en Gran Houdini, ha logrado escabullirse del fondo de la gigantesca pecera en la que aguantaba sin oxígeno, encadenado y lastrado por sus ocho años de errática gestión. Y reaparece entre los vulnerables, entre los sinhogar, entre los indignados de toda clase, al frente de la manifestación. Dentro del teatro, aplauso ensordecedor del público más crédulo. No se había visto jamás tan espléndido truco de escapismo.
Fuera de los focos del teatro, los jueces siguen trabajando en los casos de corrupción del Gobierno; el prófugo Puigdemont compra una Louis Vuitton (pagan los españoles) para volver con todo el equipaje a Catalunya; los secretarios generales del PSOE continúan en prisión; Zapatero maldice el día en que decidió esconder las joyas en ese lugar tan previsible; la población de Ceuta sobrevive como puede a la crisis migratoria; continúa en el aire la pregunta de qué le debe Sánchez a Marruecos para callar como calla y haber virado la histórica posición España sobre el Sáhara Occidental; y el problema largamente larvado de la vivienda ha estallado. Este es el verdadero escenario.
Faltan siete semanas para el 29-N y afortunadamente serán los españoles los que construyan el relato de los acontecimientos y del futuro en el que desean habitar.
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