Crisantemo, una flor que florece en otoño

ZONA VERDE

Están asociados tanto a la festividad de Todos los Santo

Ejemplar de Chrysanthemum indicum.
Ejemplar de Chrysanthemum indicum. | La Región

Los crisantemos, conocidos científicamente con el nombre de Chrysanthemum, son plantas perennes originarias de Asia, pertenecientes a la familia de las Asteráceas o Compuestas, introducidas en Europa a principios de siglo XVIII.

Sus tallos son erectos y ramificados. Sus hojas son alternas más o menos ovaladas o lanceoladas y largamente pecioladas y lobuladas. Sus llamativas flores, de delicado aroma, se disponen en capítulos y pueden ser de diferentes tamaños, formas y colores. Florece en el otoño, cuando otras muchas flores se marchitan. Crece en zonas soleadas, ricas en nutrientes y bien drenadas. En zonas donde las heladas invernales son rigurosas, como es el caso de Ourense, es necesario protegerlos durante esas épocas.

Es una planta muy popular y de gran interés ornamental pudiendo ser cultivada tanto como planta de exterior en jardines y huertas o, también de interior en macetas, para salones, balcones y patios. Estas últimas suelen ser de tamaño más pequeño y muy ramificadas. Pueden emplearse para formar matas de un solo color o combinando diversos colores. En todo caso necesitan buena iluminación. Creo que no hay casa en Galicia que disponga de un espacio verde en la que no crezcan crisantemos. Tiene, además, un gran valor económico, por lo que es muy cultivada en invernaderos.

Existen muchos híbridos y variedades, con formas simples o dobles e incluso esféricas a modo de pompones, y con colores diferentes, tales como amarillo, blanco, rosa, púrpura, malva, rojo, naranja o verdoso. Algunas de los más conocidos son Chrysantemun indicum, Chrysantemum x morifolium, Chrysanthemum pacificum, Chrysanthemum santini, entre otros.

Etimológicamente, el nombre genérico, chrysantemum, proviene de las palabras griegas chrysous que significa “dorado”, en referencia al color de sus flores originales, y anthemon que significa “flor”. El término significaría, por tanto, “flor de oro”.

En nuestra tierra están completamente florecidos a finales del mes de octubre y principios de noviembre, razón por el cual, están asociados tanto a la festividad de Todos los Santos, como a la de los Fieles los Difuntos y, en general, a todo el mes de noviembre. Es costumbre acudir en estos días a los cementerios a depositar ramos, confeccionados con estas flores, en las tumbas de nuestros queridos difuntos.

No obstante ser una costumbre tradicional asociada a la muerte, al luto y a la melancolía, en nuestra cultura adquiere también un significado profundamente enraizado en la vida eterna y la esperanza. En efecto, si antiguamente los muertos eran llevados a las necrópolis, palabra que etimológicamente significa “la ciudad de los muertos”, tras la llegada del cristianismo las necrópolis pasaron a llamarse “cementerios”, palabra de origen griega que significa “ciudad dormitorio”. Es decir, el cristiano no va a la ciudad de los muertos, si no que reposa en paz esperando despertarse a la vida eterna.

Se tienen noticias de su cultivo en el mundo oriental ya en épocas milenarias. En la gastronomía asiática se utilizan sus flores para hacer un té dulce y las hojas de algunas especies como verdura. También pueden freírse y condimentar con ajo. En la medicina tradicional oriental se usó para tratar la gripe. Según estudios de la NASA los crisantemos reducen la contaminación ambiental de interiores.

En el emblema imperial del Japón figura un crisantemo amarillo. En este país, durante la época de floración, se celebran importantes exposiciones de estas flores. Como nota curiosa decir que Giacomo Puccici compuso la obra “Crisantemi” en una noche del 1890 en memoria de Amadeo de Saboya, duque de Aosta y fugaz rey de España. Son famosos los cuadros con crisantemos de Vincent van Gogh, Pierre Auguste Renoir y Claude Monet.

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