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INFORME PISA
El último informe PISA desvela que Estonia se ha situado al nivel educativo de países que tradicionalmente lideran ese informe como Singapur, China, Japón y Corea del Sur. Sin embargo, este crecimiento educativo no es fruto de la casualidad. Ya en el anterior informe PISA, emitido hace 3 años, Estonia se situaba en el tercer puesto mundial tanto en Ciencias como en Matemáticas mientras que, en el caso de la Competencia Lectora, su ranking era el quinto después de los países asiáticos.
A pesar de que la influencia de países europeos referentes en lo que a educación se refiere no desaparece, en este último informe llevado a cabo por la OCDE se puede vislumbrar cómo, tomando como referencia el continente europeo, los resultados del pequeño país báltico superaron a algunos países modelo como Finlandia, Suiza o Dinamarca. Teniendo en cuenta las tres competencias principales del informe PISA, Lectura, Matemáticas y Ciencia, se aprecia cómo, en el último estudio realizado, la media de lo resultados de Estonia supera ampliamente a la media de los países de la OCDE.
El éxito no responde a una medida aislada ni a una fórmula que pueda trasladarse automáticamente a cualquier otro país. Detrás hay años de reformas, una apuesta por la formación de los docentes, una amplia autonomía de los centros y un modelo que trata de combinar la exigencia académica con la igualdad de oportunidades.
La clave estonia comienza en la confianza. Frente a los sistemas donde los programas, los materiales y los métodos de enseñanza están muy condicionados por las decisiones de la Administración, sus escuelas disponen de margen para organizar el aprendizaje. El currículo nacional fija una base común, pero los centros pueden adaptarlo a sus necesidades y los profesores cuentan con libertad para elegir materiales y métodos.
La OCDE ya constataba en PISA 2022 que los docentes estonios tenían más autonomía para seleccionar recursos educativos que la media de los países de la organización. El objetivo es que el profesor no sea un mero ejecutor de instrucciones, sino un profesional capaz de decidir cómo enseñar mejor a sus alumnos. La ministra de Educación e Investigación de Estonia, Kristina Kallas, resumió esta filosofía en marzo de 2026, durante una cumbre internacional sobre la profesión docente celebrada en Tallin: “El enfoque estonio ha sido empoderar primero a los profesores y después a la tecnología”. La frase resume una de las diferencias esenciales de su sistema: la digitalización no se concibe como un sustituto de la enseñanza, sino como una herramienta al servicio de quienes la imparten.
La autonomía, además, va acompañada de responsabilidad. Los centros tienen capacidad para tomar decisiones, pero también deben evaluar sus resultados y detectar las necesidades de sus alumnos. El sistema concede importancia al seguimiento del aprendizaje y a la formación continua, de manera que la libertad de los docentes no dependa únicamente de sus recursos personales. La idea es que cada escuela pueda desarrollar su propia identidad sin renunciar a unos estándares comunes.
Otro de los factores que ayudan a explicar los resultados de Estonia es la relativa equidad de su sistema. El rendimiento académico no depende únicamente de que un alumno proceda de una familia con más recursos o de que estudie en un centro determinado. El país mantiene una red de educación general que busca ofrecer una formación de calidad con independencia del origen social. En PISA 2022, la relación entre la situación socioeconómica de los estudiantes y sus resultados era menos intensa que la media de la OCDE.
La educación infantil también desempeña un papel importante. La mayoría de los alumnos estonios había pasado al menos un año por esta etapa antes de comenzar la educación obligatoria. La escolarización temprana permite desarrollar habilidades sociales, lenguaje y capacidades que facilitan el aprendizaje posterior. A ello se suma una tasa de repetición de curso inferior a la media de la OCDE, un dato que refleja una orientación hacia la detección temprana de las dificultades y el apoyo a los alumnos antes de que se queden atrás.
La imagen de Estonia como país tecnológico puede llevar a una conclusión equivocada: que sus buenos resultados se deben a que los alumnos pasan más tiempo delante de una pantalla. La realidad es más compleja. El país comenzó a invertir en infraestructuras digitales para sus escuelas en la década de 1990, mucho antes de que la tecnología se convirtiera en una cuestión central del debate educativo. Con el tiempo, esa experiencia facilitó la incorporación de recursos digitales, plataformas de aprendizaje y herramientas para profesores y estudiantes.
Pero el modelo estonio no consiste en sustituir los libros por dispositivos ni en dejar que las aplicaciones dirijan las clases. “La digitalización de la educación no significa cambiar un libro de texto por una pantalla”, indica la ministra de Educación estonia Kristina Kallas. A su juicio, la tecnología debe utilizarse para aprender de forma más eficiente determinadas habilidades y competencias, y siempre exige que el profesorado esté preparado.
Esa filosofía se trasladó también al debate sobre la inteligencia artificial. Estonia comenzó a incorporar herramientas de IA al sistema educativo, pero con la intención de que ayuden a los estudiantes a razonar y no a limitarse a obtener respuestas. El presidente estonio, Alar Karis, defendió en marzo de 2026 que los profesores deben seguir ocupando el centro de la educación: “La tecnología puede ampliar el acceso a la información, pero no puede proporcionar orientación humana”. En su intervención, reclamó invertir en los docentes, confiar en ellos y ofrecerles tiempo y apoyo para desarrollar su autonomía profesional. El desafío ahora es mantener las fortalezas del sistema en un contexto cambiante. Estonia también afronta dificultades, como la falta de profesores en muchas zonas del país.
Estonia cuenta con 464 centros de educación general y unos 163.000 alumnos en la enseñanza reglada, según los últimos datos oficiales de 2025. El sistema dispone de alrededor de 17.400 profesores de educación general. En el curso 2024/2025 había 14.341 puestos docentes a tiempo completo o equivalente, lo que supone 11,9 alumnos por docente, una ratio relativamente baja en comparación con otros países. El 51,5% de los profesores trabaja a jornada completa. La escolarización es obligatoria hasta los 17 años o hasta completar la educación básica. En el curso 2025/2026 comenzaron las clases unos 161.000 alumnos de educación general. De ellos, alrededor de 14.000 entraron por primera vez en la escuela. El sistema también afronta un problema creciente de falta de profesores, pese a mantener una de las ratios de alumnos por docente más bajas de Europa. Tiene uno de los cuerpos docentes más envejecidos de Europa: el 27,8% de los profesores tenía 60 años o más en 2023, frente al 10,9% de media de la UE. La edad media de los profesores ronda los 50 años.
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