El jardín cambia de tono

ZONA VERDE

Las gramíneas, que durante buena parte del verano han pasado casi desapercibidas, empiezan a ganar protagonismo. Sus espigas se vuelven doradas y se mueven con el viento, aportando una textura distinta al jardín.

Plantas en las jardineras de la Praza do Emigrante.
Plantas en las jardineras de la Praza do Emigrante. | La Región

Septiembre llega casi sin avisar. Todavía hace calor, seguimos hablando de verano y los días continúan siendo largos, pero basta mirar con un poco de atención un jardín para darse cuenta de que algo ha cambiado. No estamos todavía ante los colores del otoño, pero tampoco encontramos ya la misma imagen de junio o julio. El jardín empieza, poco a poco, a cambiar de tono.

Las hortensias son quizá uno de los mejores ejemplos. Las flores que a principios del verano mostraban azules, rosas o blancos mucho más definidos comienzan ahora a transformarse. Aparecen verdes, malvas, tonos vino y colores empolvados difíciles de describir. No significa necesariamente que la flor esté estropeada. Es simplemente otra etapa de la planta y, curiosamente, una de las que más apreciamos quienes trabajamos con flores. Las hortensias de final de verano tienen algo especial. Sus colores son menos evidentes, pero mucho más ricos en matices. Además, muchas variedades adquieren una textura más firme que permite utilizarlas en composiciones completamente diferentes a las que hacemos al comienzo de la temporada. Es una de esas flores que demuestra que no siempre el momento de máxima juventud es el más interesante.

Pero el cambio de septiembre no se limita a las hortensias. Las gramíneas, que durante buena parte del verano han pasado casi desapercibidas, empiezan a ganar protagonismo. Sus espigas se vuelven doradas y se mueven con el viento, aportando una textura distinta al jardín. También aparecen frutos, bayas y semillas en lugares donde unas semanas antes había flores.

Mientras unas plantas terminan su ciclo, otras se encuentran precisamente ahora en uno de sus mejores momentos. Las dalias continúan ofreciendo una enorme variedad de formas y colores, los sedum empiezan a mostrar sus tonos rosados y algunas anémonas comienzan a anunciar una nueva etapa del jardín. Septiembre no es, ni mucho menos, un mes sin flores.

También cambia el verde. Estamos tan acostumbrados a utilizar esa palabra como si fuese un único color que a veces olvidamos la cantidad de tonalidades que puede tener. Hay verdes intensos, grisáceos, azulados, amarillentos o incluso con matices rojizos. A finales del verano todos empiezan a convivir y el resultado es una paleta mucho más variada de lo que parece a primera vista.

Quienes trabajamos con flores notamos especialmente ese cambio. Casi sin darnos cuenta dejamos atrás algunas variedades y empezamos a buscar otras texturas, otros verdes y colores algo más apagados. Aparecen ramas, frutos, gramíneas y flores con tonos menos brillantes. No porque haya llegado todavía el otoño, sino porque la propia naturaleza empieza a cambiar la paleta.

Y ese cambio también se traslada a la decoración floral. Después de los colores luminosos y frescos del verano, comienzan a apetecer combinaciones algo diferentes. Los verdes más profundos, los tonos vino, los rosas envejecidos, los ocres o los colores tierra empiezan a mezclarse con las flores que todavía conservan toda la alegría del verano.

Es precisamente esa mezcla la que hace de septiembre un mes especialmente interesante. Durante unas semanas conviven dos estaciones. Podemos seguir encontrando flores claramente estivales mientras empiezan a aparecer materiales que asociamos al otoño. No hay un día concreto en el que un jardín deje de ser de verano y se convierta en otoñal. La transformación sucede poco a poco.

Quizá por eso merece la pena observar los jardines durante estas semanas. No encontraremos todavía las hojas rojizas y doradas que asociamos con octubre, pero sí pequeños cambios que anuncian lo que está por llegar: una hortensia que empieza a teñirse de verde, una gramínea que se vuelve dorada, los primeros frutos entre las ramas o una flor que adquiere un tono diferente al que tenía semanas atrás.

Septiembre no significa que el jardín haya perdido color. Simplemente ha cambiado de paleta.

@achillea.flowers

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