La neurociencia trabaja en nuevas terapias frente al TOC

"BOTÓN DE REPETICIÓN"

El trastorno obsesivo compulsivo tiene explicación neurobiológica, genética y ambiental

El trastorno obsesivo compulsivo puede afectar de manera negativa a las rutinas del día a día de muchas personas.
El trastorno obsesivo compulsivo puede afectar de manera negativa a las rutinas del día a día de muchas personas. | Europa Press

Todos hemos sentido alguna vez que estamos atrapados en una rutina que se repite sin sentido, como si un “botón de repetición” en el cerebro nos obligara a actuar de la misma manera una y otra vez. Para algunas personas, esa sensación no es solo una metáfora: se trata del Trastorno Obsesivo‑Compulsivo (TOC), un trastorno de salud mental que puede afectar gravemente la vida diaria. Gracias a los avances recientes en investigación, incluida la participación de equipos de Galicia, se está entendiendo mejor cómo surge y cómo tratarlo.

El TOC se caracteriza por la presencia de obsesiones y compulsiones. Las obsesiones son pensamientos, ideas o impulsos recurrentes que generan ansiedad o malestar, mientras que las compulsiones son comportamientos repetitivos que la persona realiza para intentar aliviar esa ansiedad. Estos actos suelen carecer de relación lógica con lo que se intenta evitar: revisar constantemente que una puerta esté cerrada, limpiar obsesivamente, contar u ordenar objetos de manera ritualizada son ejemplos habituales. Lo que define al TOC es que estas conductas interfieren de manera significativa con el trabajo, los estudios, las relaciones y la vida cotidiana en general.

Lo que alguna vez se percibió como un simple comportamiento repetitivo o manía es hoy reconocido como un trastorno real, con explicación neurobiológica, genética y ambiental. La ciencia avanza, y con ella, la esperanza de mejorar la vida de quienes viven con este desafío diario.

Base científica

Durante años se pensó que el TOC era solo una cuestión de hábitos o “manías”, pero ahora se sabe que tiene una base biológica y genética. Investigaciones recientes en neurociencia han identificado circuitos cerebrales específicos que pueden activar un “modo repetición”, muy parecido al que viven las personas con TOC. Un estudio en ratones realizado por científicos del Instituto Karolinska en Suecia demostró que un circuito que conecta el núcleo accumbens, el hipotálamo y la habénula lateral puede inducir conductas repetitivas y compulsivas, incluso cuando hay acceso a recompensas naturales como comida o interacción social. Al desactivar parte de este circuito, las conductas desaparecieron, mostrando que los comportamientos compulsivos podrían estar mediados por estructuras neuronales concretas.

Galicia

En Galicia, los avances científicos también han sido notables. En 2025, un estudio internacional con participación gallega identificó 25 genes asociados con un mayor riesgo de desarrollar TOC. Esto confirma que se trata de un trastorno real, con base genética, y explica por qué algunas personas no pueden controlar sus obsesiones y compulsiones solo con fuerza de voluntad. Además, los investigadores encontraron que algunos de estos genes comparten riesgo con otros trastornos como ansiedad, depresión, síndrome de Tourette y anorexia nerviosa, lo que ayuda a comprender por qué estas condiciones suelen aparecer juntas.

El tratamiento del TOC combina terapia cognitivo‑conductual y medicación, que pueden ser muy eficaces en muchos casos. Sin embargo, cuando el trastorno es grave y no responde a los métodos tradicionales, se están aplicando técnicas más avanzadas. En 2024 se realizó en el Hospital Álvaro Cunqueiro la primera intervención de neuroestimulación cerebral profunda para tratar un TOC refractario. La paciente experimentó una mejora notable de los síntomas y de su calidad de vida, demostrando que incluso los casos más severos pueden beneficiarse de terapias basadas en el conocimiento del funcionamiento cerebral. Estos avances científicos muestran que el TOC no es una cuestión de “malos hábitos”, sino un trastorno complejo que involucra genes, cerebro y factores ambientales.

Cuidados

Este trastorno se trata principalmente mediante terapia cognitivo‑conductual (TCC), que ayuda a la persona a identificar obsesiones y compulsiones y a aprender formas de afrontarlas sin recurrir a comportamientos repetitivos. En muchos casos se combina con medicación, como inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Para los casos que no responden a estas estrategias, existen opciones avanzadas como la neuroestimulación cerebral profunda o la terapia combinada con técnicas innovadoras supervisadas por profesionales especializados. Además, el apoyo familiar y la educación sobre el trastorno son fundamentales para mejorar la adherencia al tratamiento y la calidad de vida.

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