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Hay timos y estafas que ya se han vuelto grandes clásicos del crimen. Son los más habituales, pero también los que más suelen funcionar. Protégete conociéndolos:
Es una gran innovación, no cabe duda, pero su facilidad de uso también lo convierte en una herramienta perfecta para abrir la puerta a los amigos de lo ajeno. El timo del bizum tiene además varios modelos, el más habitual la falsa compra a través de internet, casi siempre en portales de segunda mano: el comprador se pone en contacto con el vendedor y se ofrece a pagar por bizum, pero lo que manda en vez de ser dinero es una solicitud, que el vendedor acepta sin fijarse y el dinero ya voló. Otra manera es el bizum ‘inverso’, de alguien que pide un dinero que ha enviado por error. Una tercera son los falsos mensajes de cobros a organismos oficiales, que llegan por SMS.
Los estafadores contactan con el dependiente o encargado de un comercio, fingiendo ser un proveedor o un repartidor de mercancía. Le hacen creer que tiene pendiente un pago y que si no lo afronta con diligencia causará un grave perjuicio a su negocio, por lo que le piden que lo efectúe por medio de transferencia o tarjeta. Le mete prisa y crea en el trabajador un estado de nerviosismo y confusión, por lo que decide pagar, en algunas ocasiones incluso desde su cuenta bancaria personal. En algunos casos detectados, en concreto en Lugo, los teléfonos utilizados tienen prefijo extranjero o corresponden a abonados dados de alta de forma fraudulenta para evitar rastros.
El timo amoroso se gesta en las redes sociales y webs de contactos. El timador envía a la víctima, normalmente del sexo opuesto, un mensaje por Facebook, Instagram o similares y se muestra admirado por sus fotos y su forma de ser. Va engatusando poco a poco y ofrece promesas futuras, mezcladas con halagos, en conversaciones que se extienden en el tiempo. El paso clave es el envío de fotos o vídeos, normalmente falsos por parte del timador, que pide ser correspondido de la misma forma. Si se le envían fotos ya se cayó en la trampa, pues entonces empieza el chantaje emocional y económico: si no llega el dinero las imágenes se harán públicas.
“Papá, ¿podrías hacerme un favor? No tengo la tarjeta a mano y necesito hacer un pago urgentemente”. Así comienzan la mayoría de conversaciones y mensajes de esta estafa, enviados desde un número de Whatsapp o por mensajería en las redes, que se ha hecho tan popular en los últimos tiempos. La táctica que usan quienes están detrás es la de hacerse pasar por el hijo o hija de la víctima, explicándoles, primero, que han perdido el móvil o que un incidente les ha obligado a tener otro número nuevo y, más tarde, les piden que les hagan un ingreso bancario, por alguna buena razón. Eso es lo que lleva a los padres a transferir el dinero o a realizar un bizum.
No por mucho avisar deja de ocurrir. La digitalización de los servicios bancarios abrió la puerta a un nuevo y fructífero timo, que no ocurriría si se cumplieran unas mínimas normas de precaución. Los ladrones envían miles de mensajes a direcciones de correos y teléfonos, que simulan ser del banco (método ‘phishing’), para que algún incauto, que en ese momento tenía prisa y no leyó bien, pique y acceda a la web falsa. Ahí le piden sus credenciales y ya está pillado. Este sistema tiene diversas variantes, con el ingrediente de las llamadas telefónicas a la vez, para darle verosimilitud. Cuando los timadores logran acceder, la cascada de cargos es inmediata.
La falta de viviendas de alquiler lleva a algunos inquilinos a caer en la trampa del piso bueno, bonito y barato... que no existe. El sistema consiste en que los autores recopilan fotos de viviendas reales, en las plataformas de alquiler turístico, y con ellas hacen un anuncio propio. Cuando el interesado contacta, le exigen una fianza por adelantado, o el pago de varias mensualidades. La escasez del mercado lleva, de nuevo, a apresurarse y a pagar porque hay «decenas» de candidatos interesados. Cuando los inquilinos llegan al lugar comprueban que no existe tal piso de lujo. También puede ser una casa de vacaciones en la playa o un bungaló en la montaña.
La estafa de los falsos trabajadores del gas es tan longeva precisamente por su gran efectividad. Unos supuestos trabajadores de la compañía de gas llaman a la puerta para revisar la instalación. Su uniforme, equipamiento, documentos con el logo de la empresa y discurso no levantan sospechas, además, suelen aprovechar cuando las víctimas son personas mayores. A un pago elevado por una falsa o innecesaria revisión, por supuesto en efectivo, se une que la manipulación de la instalación por personal no autorizado puede conllevar riesgos. Incluso en algunos casos, las visitas realizadas por falsos revisores han sido utilizadas para robar en los domicilios.
¿Quién no pensó que unos pequeños ahorrillos pueden dar una elevada rentabilidad? Es tentador, por eso cada poco tiempo aparece una nueva estafa en este sentido. Oficinas bien montadas, empleados elegantes, carpetas corporativas... todo encaminado a convencer al cliente que la rentabilidad de su dinero puede alcanzar el 15 o el 20 por ciento, cuando se trata de cifras exageradas aún en la actualidad, con los tipos de interés en aumento. Detrás suele haber un fraude piramidal: con el dinero que entra nuevo se cubren los reembolsos que piden los clientes más antiguos, hasta que se descubre el pastel y los autores desaparecen del mapa.
El timo de las ventas por internet está a la orden del día. De hecho, en estos momentos es la que más denuncias concentra, porque para reclamar la cantidad al banco es necesario acudir a una comisaría de Policía. Webs falsas, llenas de productos bien fotografiados, con apariencia de verosimilitud, llevan a comprar algo que nunca se recibirá. A veces son páginas que no pueden atender todas la compras, y siguen funcionando igual, y otras directamente son mentira de cabo a rabo. Ropa de marca, bolsos y zapatillas deportivas son los artículos más demandados, y por lo tanto los que concentran más ventas falsas. La mayoría de las veces cuesta mucho recuperar el dinero.
Los videntes tampoco pierde comba en el siglo XXI. Sus servicios de toda la vida fueron vendidos de forma presencial, luego se pasaron a la televisión en horas de madrugada y ahora a internet. Si usted pone “vidente online” en Google salen decenas de páginas que ofrecen estos servicios, algunos de ellos incluso patrocinados (anuncios pagados). A los videntes se suman también los sanadores milagrosos, tarotistas, médiums para comunicarse con los muertos y otra suerte de profesionales del esoterismo. Los medios de pago también los modernizaron y cobran sus servicios por bizum o paypal. Su actividad ancestral se trasladó con total soltura al mundo online.
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