El rabiacán

ZONA VERDE

Un árbol presente en la cultura, la medicina tradicional y el paisaje ribereño de Galicia que contiene principios activos como la frangulina.

Detalle del fruto de Frangula alnus.
Detalle del fruto de Frangula alnus.

El rabiacán, sanguiño o sangoviño, conocido en castellano con el nombre de arraclán, arrayán, biondo, frángula o gedeondo y científicamente Frangula alnus es un arbusto o pequeño árbol caducifolio perteneciente a la familia de la Rhamáceas, ampliamente extendido por Europa, Asia y norte de África. Se encuentra naturalizado en América del Norte. Es común su presencia en toda Galicia, sobre todo en los márgenes de los ríos como el Miño.

Su nombre genérico frangula deriva del latín frangere que significa “romper, quebrar” en referencia a la fragilidad de sus ramas; el epíteto alnus hace referencia a la similitud de sus hojas con las de especies del género Alnus, tales como los alisos.

Puede alcanzar hasta cuatro metros o algo más de altura. Sus ramas son abundantes, delgadas y erectas. Su corteza, lisa y rojiza de joven y grisácea en la madurez, presenta manchas llamadas lenticelas, estructuras en forma de lentejas que permiten el intercambio de gases entre el interior de la planta y el exterior. Si se rasca o se arranca una rama desprende un olor desagradable, motivo por el cual recibe también el nombre de hediondo. Sus hojas son alternas, ovales, pecioladas, con el ápice agudo, verde brillantes por la parte superior y mates y con prominentes nervaduras por la parte inferior. Sus flores, que se presentan solitarias o en fascículos en las axilas de las hojas, son pequeñas y con cinco pétalos rosados o verdosos. Sus frutos pequeños y globosos son primero verdes, luego rojos, volviéndose violeta negruzcos al madurar. Florece en primavera y fructifica en otoño, aunque no es raro verla florida en septiembre. Crece en los márgenes de los ríos y en bosques húmedos de media montaña.

Tradicionalmente la corteza se ha empleado en medicina como laxante, purgante y contra las inflamaciones intestinales, motivos por los cuales las industrias farmacéuticas compraban dicha corteza. También para tratamientos del acné. En algunas zonas de Galicia los frutos, recogidos en la luna de agosto, se usaban para dar friegas y aliviar dolores musculares y óseos. Se vende en las herboristerías. Contiene principios activos como la frangulina. Su madera es un buen combustible y se utiliza para producir carbón vegetal. Es resistente una vez seca, motivo por el cual se usaba para fabricar tallas (especialmente de santos), mangos de herramientas, utensilios de campo y piezas de carros. Así dice el cantar gallego: “se queres que o teu carro cante como o do teu veciño, bótalle o eixo de freixo e as treitoiras de sanguiño”. En la cultura popular de algunas regiones se le creía una especie supersticiosa, usada en maleficios. Asimismo, se le atribuían propiedades para curar la sarna, machacando las bayas maduras, envolviéndolas en manteca de vaca y aplicándolas en la zona afectada. Tanto la corteza fresca como los frutos ingeridos en grandes cantidades son tóxicos, pudiendo provocar vómitos y cólicos.

El sanguiño aparece también citado en la poesía gallega. Así en el Nocturno de Curros Enríquez, cuyos versos están cargados de sensibilidad para con los que están solos y abandonados. Al toque de las campanas del atardecer, un viejo apoyado en un palo de “sanguiño” se sienta en una piedra y comienza un triste monólogo en el que recuerda su desventura al oír el croar de un sapo. El poema fue cantado magistralmente por Luis Emilio Batallán.

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