San Benito atrajo a cientos de creyentes a Cova do Lobo en Piñor

SAN BENITO DE COVA DE LOBO

Como cada año, cerca de 5.000 personas se reunieron en la romería de Piñor para pedir milagros

Cientos de personas de todas las edades acudieron a Piñor a tocar a San Benito ayer. Foto: José Paz
Cientos de personas de todas las edades acudieron a Piñor a tocar a San Benito ayer. Foto: José Paz

Barbadás acogió ayer una nueva romería de San Benito de Cova do Lobo, una de las fiestas más emblemáticas de la provincia, que como cada 11 de julio acoge a cientos de fieles, que se desplazan a Piñor para asistir al acto religioso. Los más madrugadores comenzaron a llegar a las 05,00 de la mañana a un entorno flanqueado por frondosos bosques que se llenó de vida con el ir y venir de grupos de familias, amigos o personas que acudían en soledad.

La primera misa comenzó antes de que el sol apareciera. Eran las 06,00 de la mañana cuando el cura comenzó con la ceremonia, a la que le seguirían una cada hora hasta las 13,00 horas. La parroquia de San Lourenzo de Piñor contó con la colaboración de varios párrocos que oficiaron los actos religiosos por la tarde, cuando se celebraron las misas de las 19,00, las 20,00 y la última a las 21,00 horas. Estos actos religiosos fueron uno de los momentos centrales de la romería envuelta de un componente emotivo y de fe.

Organización

Varios voluntarios de Protección Civil se encargaron de controlar el tráfico para que los vehículos pudieran salir y entrar sin ninguna incidencia. Los fieles también estaban organizados para que pudieran realizar sus ofrendas y pedir favores a San Benito, conocido por los católicos por su componente milagroso. La romería da Cova de Lobo juntó a cerca 5.000 personas, muchos de ellos portando consigo las tradicionales velas, otros portando candelas con forma de cuerpo o incluso extremidades, en señal de la zona humana que quieren sanar.

TRADICIONES

Este santo concentra parte de su fama en las peticiones de los fieles para la curación de verrugas, protuberancias cutáneas, granos o pequeños bultos. Uno a uno, formando una silenciosa y ordenada fila entraron al oratorio. En el altar se encontraba la imagen de San Benito a la que los creyentes pasaban un pañuelo para luego limpiar las zonas afectadas con aquel pedazo de tela.

Una práctica que también se traslada al monte de San Benito de Cova de Lobo, donde una enorme piedra, O Tangaraño, que normalmente se emplea de mirador para ver la panorámica de la ciudad ourensana, es muy visitada durante la romería. Dentro de la roca hay una pequeña cavidad que siempre está llena de agua. La tradición cuenta que a los niños “entangarañados”, como se les llamaba a los infantes que padecían la enfermedad de raquitismo, eran sumergidos por tres mujeres por el orificio donde estaba el agua. Al salir, les vestían con ropa nueva y hacían tiras con las viejas prendas para luego dejarlas atadas a las ramas de los árboles de camino al templo.

Celebración

Varios puestos de venta ambulantes con coloridas sombrillas se instalaron en los alrededores para albergar productos textiles o de alimentación. No faltaron aquellos puntos de venta de carne ao caldeiro o el pulpo, acompañados de pan y finalizados por las tradicionales rosquillas. La romería fue, un año más, una manifestación de la espiritualidad, un punto de encuentro donde se vive la tradición y el buen comer. n

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