Una lavandeira decidió vivir con los barquenses

AVE DEL PUEBLO

Una lavandeira llegó hace aproximadamente un mes, siendo una cría, a una céntrica galería de O Barco. Aquí se encontró con el cariño de los barquenses, a quienes acompaña todos los días, aunque sin dejarse tocar por ninguno de ellos.

La pequeña ave, a la izquierda de José Zúñiga en la foto.
La pequeña ave, a la izquierda de José Zúñiga en la foto. | José Cruz

Los clientes del bar “El Cafetín”, los vecinos del edificio y quienes compran el cupón de la Once en esta céntrica galería de la avenida del Conde de Fenosa están encantados por la nueva asidua del lugar. Se trata de un pequeño pájaro, más concretamente una lavandeira o lavandera blanca (Motacilla alba) que llegó hace un mes para quedarse.

José Zúñiga León lleva 13 años vendiendo el cupón en O Barco, pero nunca le había pasado nada igual. Comenta que el primer día, la pequeña ave se posó en el suelo, momento en el que el vendedor le puso unas miguitas a las que no se resistió. “No tenía ni cola. Es jovencita”, comenta.

Ahí comenzó todo. Desde ese momento, el ave visita diariamente la galería. Aquí, encuentra las migas de bizcocho que José guarda en un pequeño bote y que le deja en el suelo, haciéndole compañía. Cuando tiene sed, vuela hasta el lado opuesto de la acera, donde crece un árbol, y allí se posa y bebe, una situación que no gusta a su cuidador, quien teme que pueda acabar pisada por algún peatón que no la vea debido a su reducido tamaño. 

El ave llegó a una galería y se encontró con el cariño de los vecinos, a quienes no duda en acompañar a otros lugares

“Es un encanto”, comenta este barquense, quien indica que si el ave no lo encuentra a la entrada de la galería no tiene reparo en ir por las mesas buscando la compañía de algún cliente del bar. Fue así como encontró a María Josefa “Fefa” Rubió Rodríguez. “É tan dulce, tan bonita y tan fiel, que se lle acaba querendo”, comenta. La lavandeira, a la que algunos apodaron Teo, no tiene reparo en posarse en la mesa de Fefa. “Póñolle migas de croissant. Somos amigas”, dijo. Es más, no sólo la acompaña en “El Cafetín”. También se le presenta cuando va a tomar café al “Break & Bread”, ubicado a unos 50 metros. “Póñome fóra e aparece. Faime unha gracia!”, dice, si bien confirma que tampoco se deja tocar por ella a pesar de las migas de croisant o granitos de alpiste que le ofrece sobre su mesa.

Acostumbrada a moverse entre los humanos, el ave tampoco tiene miedo de las mascotas y no se va de la galería cuando el propietario de algún perro acompaña a su amo en la terraza de “El Cafetín”.

Así es el ave que tiene enamorados a no pocos vecinos de O Barco y que permite a José afirmar que los animales, aunque sean salvajes, devuelven con creces el cariño que se les da.

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