CONTRIBUCIÓN A LA ECONOMÍA LOCAL
El oro del Sil, nuevo atractivo para visitantes de Valdeorras
CONTRIBUCIÓN A LA ECONOMÍA LOCAL
Las lluvias de los últimos días están llevando al Sil al borde del desbordamiento en el tramo de Valdeorras. No son buenas fechas para moverse por el cauce y por ello José Carlos Rodríguez Martínez prefiere aguardar a la primavera para dedicarse a una actividad que inició en los difíciles tiempos de la pandemia del covid: el bateo en busca de oro. “Empecé durante la pandemia. Por aburrimiento. El único sitio al que se podía ir era al río”, comenta. Superada la crisis sanitaria, viene dedicando un par de horas diarias a su afición… siempre que el río se lo consiente.
No es el único bateador de la comarca, pero son muy pocos los valdeorreses que practican una afición que sí es considerada un importante atractivo en otras latitudes. Es el caso del pueblo asturiano de Navelgas, que desde 1999 acoge el Campeonato de Bateo de Oro. Organizado por la Asociación de Bateadores de Oro Barciaecus y declarado Fiesta de Interés Turístico regional en 2014 fue incluido en el calendario oficial de la Asociación Mundial de Bateadores de Oro (World Goldpanning Association). “El evento fortalece la identidad cultural de la región y contribuye a la economía local, atrayendo a miles de visitantes y generando un impacto positivo en el turismo y el comercio local”, afirma la web “navelgasoro.com”.
El equipo necesario es muy reducido y se limita a una criba, una batea, una pequeña pala y, si se desea, una esclusa
En Valdeorras, son muy pocos los que, como el rues Humberto Prada, conocen de cerca la afición de José Carlos Rodríguez, quien aseguró que nunca se encontró con bateadores de la zona aunque sí con lucenses y, sobre todo, leoneses, donde hay mucha afición. En la localidad berciana de Cacabelos pueden citarse hasta 40 bateadores buscando oro en el río Cúa, afluente del Sil, explica.
El material que precisan los bateadores es sencillo, pues basta con una batea, una criba y una pequeña pala. Además, pueden incorporar una pequeña esclusa. “Se apartan las piedras grandes y se arroja la arena a la criba antes de pasarla a la batea. El oro es pesado y queda en el fondo”, explica. Si se utiliza esclusa, esta es depositada sobre el fondo y se arroja sobre ella la arena para que la arrastre el agua antes de cribar y llevar a la batea la que quede.
El Sil no es el único río donde batea José Carlos Rodríguez. También llevó su batea al Eria, en La Cabrera; al Cúa, a su paso por Cacabelos, o al Omaña, en la comarca a la que da nombre. Añade que tomó contacto con la actividad en Salas de la Ribera (León), al observar los movimientos de un matrimonio de A Coruña. “Los encontré en medio del río Sil. Fueron los que me enseñaron”, dijo.
El precio que pueden alcanzar unas pepitas del Sil no sobrepasa en mucho los 200 euros. “Podría venderlas, pero las colecciono por afición”, comenta el bateador barquense.
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