Rosario Milagros, limeña de corazón, pero verinense de adopción
INTEGRACIÓN EN EL RURAL
Hace seis años y medio Rosario Milagros (Lima, 1986) cambió su Perú natal por Galicia. Y desde hace cuatro reside en Verín, una villa en la que ha encontrado en los distintos programas del CDR Portas Abertas un gran apoyo para integrarse en la comarca
La historia de Rosario Milagros no difiere de la de miles de personas que aterrizan en Galicia cada año, dejando atrás su país de origen con la esperanza de encontrar un futuro mejor. Lo que esta peruana de Lima no sospechaba es que al otro lado del Atlántico esperaba la persona con la que formaría su propia familia.
Recién llegada en 2019 a Pontevedra, no oculta que “los inicios fueron difíciles y duros”. Trabajando en Redondela conoció a su marido, Carlos, con el que hace cuatro años se trasladó a Verín, la villa de la que él es originario. Aquí tuvieron a su hija, Grecia, y han formado un hogar: “Me gusta todo de Verín, la tranquilidad y el apoyo de la gente”.
Apoyo del CDR Portas Abertas
En su adaptación al sur ourensano, Rosario encontró un aliado en el Centro de Desenvolvemento Rural (CDR) Portas Abertas y en algunos de sus programas de integración, como Galicia Acolledora o los Itinerarios Formativos. “En Portas Abertas me dieron apoyo y me orientaron. Pese a que ya tenía la residencia, me ayudaron a obtener la nacionalidad y a hacer el curso de atención sociosanitaria”, relata.
Rosario, dicharachera y con una energía contagiosa, se define como una “luchadora incansable”. Actualmente trabaja como autónoma, limpiando y cuidando a personas mayores. De ahí que se muestre muy agradecida a la formación que le brindó el CDR: “Aún me acuerdo de Lucía (Chaves, educadora social), me echaron una mano con todo y me dieron contactos laborales”.
Como vecina que suma población a la comarca, tampoco es ajena a la realidad de muchos pueblos, algo que conoce bien gracias a su suegra, natural de Castro (Laza): “No hay industria, la gente tiene que marchar fuera y cada vez esta más despoblado. La gente mayor va muriendo y se cierran las casas”.
Pese a que es feliz en la comarca, también siente morriña: “Echo de menos a mi familia, amigos, la comida. Pero aquí estoy construyendo mi vida, tengo a mi esposo y mi niña. Siempre les habló de Perú, y contamos en un futuro ir a visitarlo”.
Asentada en Verín, Rosario es un claro ejemplo de integración: ella aporta su vitalidad y ganas de trabajar, y la comunidad local le ofrece estabilidad y oportunidades para que su familia asegure el futuro del rural.
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