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ENTREVISTA
Vilamaior do Val, una parroquia de Verín, es conocido como el pueblo de las “tres mentiras”: ni es villa, ni es grande, ni se encuentra enclavada en el valle del Támega.
Acostumbrado hasta ahora a escaparse a Galicia unos pocos días, el año pasado Víctor decidió dar un giro de 180º a su vida y se sacó en pocos meses una oposición, dejando atrás una larga trayectoria como analista financiero para marcas de renombre mundial.
Junto a su pareja, embarazada de su primer hijo, Víctor aprovecha para recorrer lugares del territorio -acaban de volver de las Islas Cíes- y desconectar en la villa verinense.
Pregunta. Su vínculo con Galicia es familiar.
Respuesta. Sí, mi madre es gallega y vivió en Verín hasta los 18 años. En ese momento quienes emigraron fueron sus padres, ya que mi abuelo era funcionario del Estado, y lo destinaron primero a Tarragona, y luego a Barcelona. Mi madre estudió ya en Barcelona la carrera de Medicina, durante la que conoció a mi padre. Así que mis raíces son de pura cepa catalana por parte paterna, y totalmente gallegas por la materna, si bien yo ya nací e hice mi vida allí.
P. Pese a no estar aquí, había un trocito de Verín en Barcelona.
R. Sin duda, mis primeros años de vida me criaron mis abuelos en el “exilio”, por decirlo de alguna forma. Siempre me han hablado en gallego, también en Catalunya. Yo no llego a tanto, pero si me entono en el Entroido, entonces sí que me suelto en gallego (se ríe). Y luego todos los veranos venía julio y agosto al pueblo de mi abuelo, Vilamaior do Val, a estar con mi familia. Mis abuelos son 10 hermanos, por lo que tengo muchísimos primos de distintas edades.
P. ¿Qué es lo que más recuerda de aquellos veranos?
R. La libertad en general que te da un pueblo, ir a todas partes en bici. También me acuerdo de cuando acompañaba a mis abuelos a los Remedios o a la Alameda de Verín. Y luego en agosto venían ya mis padres y recorríamos Galicia o nos acercábamos a Portugal.
P. Conoce también el Entroido, ¿no?
R. Sí, he venido cuatro entroidos, tanto a Laza como a Verín. Es algo espectacular, el trabajo de un año de todo un pueblo. No se puede comparar con nada en Catalunya.
P. ¿Siente mucha morriña?
R. Claro, sobre todo echo de menos a mi familia. Me tira mucho esta parte, y me considero gallego aunque no haya nacido aquí. También está mi ahijada. Y sí, se echa en falta el pulpo de A Casa do Pulpo, que es lo primero que hago cuando llego (se ríe). Y luego está el clima, el ambiente, salir de la humedad y del agobio de Barcelona. Ir al pueblo es como ir a casa, bajar el ritmo, las pulsaciones. Hasta hace nada llevaba un ritmo de vida bastante insostenible.
P. ¿Cómo ha cambiado su vida?
R. Estudié Economía e hice un máster, y luego estuve trabajando en multinacionales toda mi vida: Nike, Unilever, otra del ramo tecnológico. No paré de viajar por diversos proyectos y de llevar una vida muy frenética, así que hace un año me planté y me preparé una oposición. En solo tres meses me saqué la plaza y nos mudamos de Barcelona a Cerdanyola del Vallès. Y este julio hemos aprovechado mi pareja y yo para venir a pasar el mes a Verín.
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