Los expertos ven los incendios como causa principal de las riadas y los desplazamientos de tierra devastadores en Ourense
Los incendios dejaron un terreno vulnerable ante las lluvias torrenciales, agravando la erosión y los daños causados por las riadas en la comarca ourensana de Viana do Bolo,
La zona oriental de la provincia sufrió el verano pasado la mayor oleada de incendios que se recuerda. Las consecuencias no se quedaron ahí y la gran demostración es lo sucedido en Viana do Bolo, con unas riadas y corrimientos de tierra devastadores condicionados por la erosión del suelo provocada en gran parte por la pérdida de vegetación.
Según Juan Carlos Novoa, catedrático de la Universidad de Vigo y experto en edafología, la mecánica de este tipo de catástrofes puede tener varios factores, siendo los principales los cambios de uso del terreno y los incendios forestales, como parece ser la causa más clara en este caso por los precedentes. Así a todo, Novoa avisa que hay que mantener la cautela hasta revisar los motivos con seguridad sobre el terreno.
Al arder, el monte pierde su cubierta vegetal, eliminando el “colchón” natural que frena y amortigua el impacto de las precipitaciones. A esto se suma que la capa superficial, tras someterse a altas temperaturas, se vuelve hidrófoba -adquiere “una mayor repelencia al agua”- y las cenizas taponan los espacios porosos del terreno. Al caer más agua de la que la tierra es capaz de retener, baja por las laderas como una “bola de nieve”, ganando una energía brutal capaz de arrastrar tierra, grava y rocas pendiente abajo.
El experto lanza, además, una dura advertencia sobre el futuro de estas zonas, en las que este tipo de situaciones dejarán de ser una excepción. “El suelo es un recurso natural no renovable a escala humana, por lo que se tardarán varias décadas” en recuperarlo de forma natural”, manifestó.
La vulnerabilidad de este terreno quemado era algo previsible para otros especialistas, como Xosé Santos, de Amigas das Árbores, y un ingeniero forestal de la zona. Coinciden en definir esta situación como una “crónica anunciada”. Señalan que, tras los incendios, urgía aplicar medidas de restauración para proteger los ecosistemas y minimizar la erosión. La ausencia de estos trabajos ha dejado parajes como la aldea de A Bouza, totalmente desprotegidos, donde los residentes confirman que desde los incendios “non creceu nin unha herba”.
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