La pasión por el Padre Eterno reunió a cientos de personas
MÁS DE 350
El santuario acogió a más de 350 personas durante una cita a la que cada año acuden más devotos. No quisieron perderse la bendición de las roscas o las nueve vueltas al Padre Eterno.
La devoción por el Padre Eterno congregó a más de 350 personas en el santuario situado en la aldea de Quintela, en Viana do Bolo, durante una jornada marcada por la continuidad de una tradición profundamente arraigada en la comarca. Peregrinos llegados desde distintos puntos del municipio y de localidades vecinas acudieron al santuario a pie -recorriendo los cerca de 12 kilómetros que lo separan de Viana do Bolo-, a caballo o en vehículo. Vecinos de numerosas aldeas se acercaron hasta el lugar para presentar sus ofrendas, participar en los actos religiosos y renovar una tradición que, año tras año, sigue reuniendo a centenares de fieles en torno a una de las celebraciones más emblemáticas de la zona.
Tras la procesión alrededor del santuario, en la que participaron las imágenes de la Virgen del Carmen, la Inmaculada Concepción y el Padre Eterno, la celebración religiosa continuó con una misa campestre en el exterior del templo. Allí, numerosos devotos aguardaban con sus roscas de pan para recibir la bendición del párroco. Según la tradición, este pan bendecido posee propiedades protectoras y curativas, especialmente para dolencias de garganta y problemas intestinales. La creencia también sostiene que, una vez bendecido, el pan se conserva durante largos periodos sin llegar a estropearse.
Otra de las tradiciones más arraigadas consiste en dar nueve vueltas alrededor de la imagen del Padre Eterno para solicitar su protección. Durante la procesión, muchos fieles también procuran colocarse bajo las andas de la imagen como muestra de devoción. Además, existe la creencia de que introducir la mano en la serpiente que aparece a los pies de la Inmaculada Concepción ayuda a vencer los miedos y alejar los temores.
Sesión vermú
La jornada continuó tras la celebración religiosa con una animada sesión vermú amenizada por la charanga De Boa Gana. Muchos asistentes optaron por permanecer en el entorno del santuario para disfrutar de una comida campestre al aire libre. Mientras algunos llevaron sus propias viandas, otros organizaron churrascadas en un ambiente marcado por la convivencia y el reencuentro. El objetivo no era otro que compartir una jornada festiva en esta aldea vianesa.
Al frente de la organización religiosa de la jornada estuvo el párroco Antonio Ferrer, encargado de coordinar los actos litúrgicos y de atender a los numerosos devotos que se acercaron hasta el santuario. Su labor resultó fundamental para el correcto desarrollo de una celebración que combina fe, tradición y convivencia.
Junto a él destaca la figura de Albino Rodríguez, vecino de la zona y una de las personas más vinculadas al santuario. Durante todo el año se encarga de cuidar el entorno, realizar labores de mantenimiento y velar para que las instalaciones se encuentren en las mejores condiciones posibles. Gracias a su dedicación y compromiso desinteresado, el recinto luce impecable en una fecha tan señalada, permitiendo que vecinos y visitantes disfruten de un espacio cuidado y acogedor. Su trabajo, muchas veces silencioso, es una pieza clave para conservar este lugar de gran valor religioso para la comarca. n.
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