Eduardo Medrano
Los últimos de Filipinas
En diciembre de 1898 se firmaba en París el tratado por el que España vendía a Estados Unidos, por 20 millones de dólares, el archipiélago filipino.
A la hora de estampar esa firma, poco parecía importar que un pequeño batallón de 52 militares españoles tratara todavía de mantener su posición en el país asiático.
Lo harían hasta el 2 de junio del año siguiente, atrincherados en la iglesia de Baler, fecha en la que el líder filipino Emilio Aguinaldo no sólo les perdonó la vida, sino que reconoció públicamente su valor.
Los diferentes emisarios españoles enviados a fortín para conseguir la rendición de las tropas nacionales no lograron sus propósitos. Una y otra vez, los sitiados desconfiaban de los visitantes negándose a deponer las armas.
El último en intentarlo fue el teniente coronel Aguilar, mandado por el gobernador general español, quien se marchó sin conseguir su objetivo. Sin embargo, al hojear unos periódicos que Aguilar dejó en la iglesia, los sitiados comprendieron que España ya no poseía el control de las islas y que no tenía ningún sentido seguir resistiendo.
El 2 de junio de 1899 el destacamento de Baler acabó rindiéndose, poniendo fin a 337 días de asedio.
Las autoridades filipinas aceptaron condiciones honrosas de capitulación y permitieron su paso hasta Manila, donde los supervivientes fueron repatriados a España.
Esa guerra en sitios tan remotos costo según diferentes fuentes en el periodo (1896-1898), que abarca la Revolución Filipina y la posterior Guerra hispano-estadounidense, alrededor de 5.000 a 8.000 militares españoles.
La inmensa mayoría de estas bajas no se produjeron en el campo de batalla, sino a causa de las siguientes circunstancias:
El paludismo (malaria), el cólera, la disentería y el tifus diezmaron gravemente a las tropas enviadas desde la península, siendo la principal causa de mortalidad.
Cientos de soldados cayeron durante los enfrentamientos contra las fuerzas independentistas filipinas (Katipunan) y, posteriormente, en los ataques de la Marina de los Estados Unidos (como la Batalla de Cavite).
Un número significativo falleció en condiciones de insalubridad durante el largo cautiverio como prisioneros de guerra tras la rendición española.
Las rosquillas/galletas “filipinos” provocaron un incidente diplomático a causa de su peculiar nombre.
El gobierno de Filipinas presentó una protesta diplomática ante el gobierno de España, la Comisión Europea y el entonces fabricante Nabisco Iberia en 1999.
La protesta estaba relacionada con el uso del nombre “Filipinos” en la comercialización de las galletas, y en ella se exigía que Nabisco dejara de vender el producto hasta que se cambiara el nombre de la marca. Dicha reclamación fue presentada a pesar de la reticencia inicial del ministro de Relaciones Exteriores filipino, Domingo Siazón, al respecto.
Según los informes, Siazón había dicho que no veía nada malo en el uso de “Filipinos” como marca, y señaló como ejemplo que los austriacos no se quejaban de que las salchichas pequeñas se llamasen ‘salchichas de Viena’.
Por lo que podemos ver, la disputa quedó en nada ya que en la actualidad los “Filipinos” se siguen vendiendo con dicho nombre.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último