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Con estas manos”, su cuarto libro. Pónganos en situación. ¿Qué nos encontramos?
Es la historia de un cartero de un pueblo gallego que recibe una carta para entregar a una mujer en su tumba. Al llegar, y ver que, efectivamente, esa mujer está enterrada allí, comienza a investigar sobre ella, si tenía familia o descendencia. Resulta ser la viuda del maestro del pueblo en los tiempos de la República, pero a él y a su hijo se los llevaron los falangistas en el año 37 y nunca más se supo de ellos. El cartero decide quedarse la carta y al abrirla descubre que son las memorias del hijo de esa señora contadas desde el corredor de la muerte en Texas, en 1970, la misma noche en la que lo van a ejecutar. En la carta le cuenta a su madre su historia desde el momento en que se lo llevaron con 15 años y como ha acabado en EE.UU.
¿Cómo enlaza el título con lo que nos cuenta el libro?
Es la historia de un asesino de masas, un criminal, contada por él mismo. Es lo que ha hecho en su vida “con estas manos”.
Además del título, lleva un subtítulo: “I. Los años de acero”.
En este primer volumen, la novela abarca desde los años treinta hasta 1945. La caída de la República, la Guerra Civil española y la creación del superhombre ario. Stalingrado, las matanzas de los Einsatzgruppen-SS en Ucrania, Treblinka y los campos de exterminio, la rebelión del ghetto de Varsovia, las armas milagrosas de Kammler y las luchas internas por el poder entre Göering y Himmler en el III Reich. Son los ”Años de Acero”.
¿Por qué divide la misma novela en dos tomos independientes?
Tuve que dividir el libro porque me di cuenta que tenía mucho que contar, la obra tiene más de 1200 páginas. La editorial y yo creemos que es mejor así para el lector. Esa primera de “Los años de acero”, y una segunda parte, “Los años del celuloide”, que se desarrolla en Sudamérica desde la caída del Reich y donde el protagonista se dedica nuevamente a una vida oscura. Pornografía, tráfico de drogas… Esta mitad saldrá a mediados de diciembre. Para que a la gente le dé tiempo a leer esta primera parte y no se quede mucho tiempo con ganas de más.
Se puede decir que no contaba con llenar tantas páginas.
Cuando terminé y vi más de 1.650 folios… eso era imposible. Lo curioso es que hasta que cruza el charco a Sudamérica son 840 páginas, y luego 820. Casi, casi idénticas en extensión.
Tal como lo cuenta suena a viaje por la historia de la mano, poco recomendable, de un ser casi diabólico. Para ello supongo que la documentación ha sido fundamental.
Empecé esta novela hace 12 años. De ellos, dos fueron de documentación. Cuando comencé, ya sabía cuál sería el hilo conductor, pero también que necesitaba muchísima información. Así que me dediqué a leer y leer ensayos de todo lo que aconteció en esos años. Es más, incluso el lector tiene más de 300 anotaciones a pie de página referidas a ciertos temas. Y una bibliografía al final del segundo tomo, que espero que no se me quedase nada atrás, acerca de todo lo que he tenido que leer para poder escribirla.
¿Es difícil combinar la rigurosidad histórica con la ficción?
Los que lo han leído me han dicho que consigo lo que me propongo: que una mentira, una ficción, parezca real, ya que está tan bien ambientada, con tantos datos, que hace que el lector llegue a dudar de si fue real o no.
Con una historia tan extensa y tantas anotaciones en una época de inmediatez, de “140 caracteres”, ¿no teme que la gente se pierda entre las líneas?
La estructura de la novela está muy trabajada. Hacer una arquitectura de una obra de estas dimensiones es muy complicado. Yo lo planifiqué todo meticulosamente. Con planos, puntos cronológicos, fichas de lo que tengo que hacer en cada en cada capítulo… luego desarrollo en folios los que tengo que contar en cada uno. Y los “post-it”. El más importante de ellos, el de “no tocar” (risas). Luego hay que medir las zonas “valle” y “crestas”. No puedes hacer un largo recorrido de acción, ni tampoco de calma. Hay que saber equilibrar para atrapar al lector. Espero haberlo conseguido.
Estamos en un momento en que los thrillers y misterios están de moda. ¿Todavía se puede sorprender al lector?
La literatura es la posibilidad de vivir historias que no podemos vivir en la realidad. Hay gente que elige la novela romántica porque su sueño es vivir un episodio de amor de película, y otros eligen ser parte de una aventura. Eso sí. Hay que diferenciar el libro del autor (risas).
Tanto en esta como en sus otras novelas siempre hay un personaje oscuro.
Yo he reflexionado si es que tengo ese personaje dentro y cuando escribo hace que salgan porque me gustan ese tipo de temáticas y músicas. O si es al revés, si es que ha habido una serie de condicionantes externos que me han moldeado así. En el caso de esta novela, el protagonista es un ser maligno, y lo cuento explícitamente. Hubo escenas que incluso me costó detallar. Creo que al lector le van a hacer cerrar el libro y respirar antes de seguir. Pero eso es lo que buscaba.
Y entre tantas páginas e historias, se sumergió totalmente en el libro.
Y tanto. Al principio costaba meterse, pero luego el problema era salir de él. Me pasaba horas escribiendo, paraba porque quedaba o iba dar un paseo, y me costaba desconectar de lo que estaba contando.
Las plataformas de contenido audiovisual y las películas triunfan, ¿no ve este libro como base de un buen guion?
Confieso que creo que sería una buena historia para pasar a la gran pantalla. Pero tendría que ser una superproducción y con mucha, mucha inversión. Solo las localizaciones y el vestuario son una parte muy costosa…Por no hablar del tiempo de duración. Como anécdota, te diré que hay gente que ya la ha leído y la etiqueta con el hashtag “#Netflix” (risas). En ese sentido, tengo que decir que todas mis obras son muy cinematográficas.
¿Cuál es el germen que da origen a sus libros?
Cosas que nunca creerías. De una idea general. Por ejemplo, mi segunda novela vino de una pinza para el pelo. La tenía en la mano, estaba jugando con ella y nació “Utensilios”. La de “El Incubador”, me surgió nadando en la piscina en una época de bloqueo, donde no se me ocurría nada, y me dije: igual no puedo escribir la obra maestra de la literatura, pero sí contar la historia del hombre que escribe la obra maestra de la literatura. Y en este caso surgió de querer poner en orden una serie de cosas de la historia, pero, sobre todo, me quería meter en la mente de un criminal.
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