Juan Pina
El sufragio femenino está amenazado
Hemos vivido jornadas de auténtica angustia. Los pavorosos incendios de Madrid y Ávila nos han hecho vivir una situación sin precedentes. Hay más fuegos en España y, probablemente, veremos alguno más a lo largo del verano. Ahora se encoge el alma ante la avalancha de inmigrantes que está rebosando las posibilidades reales de acogimiento y atención como es la ciudad de Ceuta. Ni un día sin sobresalto.
El presidente del Gobierno, así como el Ejecutivo en su conjunto y demás instituciones han preservado, salvo excepciones ya conocidas y que no merece la pena ni recordar porque son recurrentes, esa unidad que hemos visto y que, sin duda, ha contribuido a un mínimo de sosiego a la opinión pública.
En todas sus comparecencias, el jefe del Ejecutivo nacional ha reiterado día si y día también la necesidad de un pacto sobre el asunto estrella como es la emergencia climática. Sin duda estamos viviendo olas de calor hasta ahora desconocidas, pero esta verdad incuestionable no es incompatible con una revisión de las condiciones para preparar campos y montes. Una cosa y otra bien requieren de un pacto entre los dos grandes partidos que son los únicos con posibilidades ciertas de gobernar España.
Ese clima de colaboración tiene su paréntesis y no es otro que la decisión del presidente del Gobierno de no realizar llamada alguna al líder de la oposición porque, entre otras cosas, dicen, está prisionero de Vox. No cabe duda de que cuando se depende de otros para gobernar hay que modular declaraciones y si no que se lo pregunten al propio presidente, que de silencios sabe más que de palabras en lo que a sus socios y apoyos se refiere.
La no foto con Feijóo forma parte de la campaña electoral
España no se merece tanta inquina, tanta distancia, tanto cainismo y es al presidente del Gobierno al que por responsabilidad institucional le correspondería llamar al líder de la oposición pero ya ha dejado claro que si el PP, es decir Feijóo, quiere hablar que vaya, que sus puertas están abiertas. Esta postura no puede estar más alejada de un deseo sincero de un pacto de Estado pero parece fuera de duda que este abandono de su responsabilidad institucional está medido y pensado como parte del discurso de una campaña electoral que, de manera emboscada, ya ha comenzado. Si Sánchez llama a Feijóo, es seguro que el jefe de la oposición acudiría a la llamada presidencial aun cuando se pudiera prever que no iba a haber acuerdo alguno.
La no foto con Feijóo forma parte de la campaña electoral. No la ha habido en momentos tan críticos como los vividos, no puedo imaginar qué tiene que ocurrir para que el presidente cambiara de estrategia. Aquí no se trata de incidir en la crítica irracional de Vox al cambio climático. No, se trata de no dar espacio al PP, que mucho cuidado debe tener en no cometer errores, porque es en esos errores en donde los socialistas fían parte de su suerte electoral. Error por parte del PP sería calentar demasiado el ambiente, no elegir con destreza los charcos que pisar y desde luego no alejarse de Vox en todo aquello que puede desdibujar su posición de derecha, que no de ultraderecha.
Así, con un abismo de distancia entre los dos grandes partidos encaramos los próximos meses porque no creo que Alberto acuda de motu propio a Moncloa y Sánchez, encantado. Mientras, España, al menos millones de españoles, conviven con la fatiga que produce la política de bajos vuelos. Y ahí estamos.
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