ZONAS DE SOMBRA
De la fibra al satélite por no dar cobertura a “la última milla”
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El último poste de fibra está a solo 400 metros de la casa de Manuel Castrillo. En él, en plena era disruptiva de la IA, Manuel tenía puesta su esperanza para asentar su trabajo a distancia y desde el rural sin que sus gestiones, reuniones o trabajos en línea con otros compañeros se vieran resentidos. Como él, otros tres vecinos de Souto, un pequeño pueblo de Vilamarín, apostaban por lo mismo. Pero el punto de fibra instalado monte abajo levantó falsas expectativas, puesto que el servicio sólo llegaría realmente realizando nuevas extensiones a cada una de las viviendas. Algo que nunca sucedió.
Al preguntar por el motivo, la respuesta fue aún más preocupante: “Por baja rentabilidad, al ser pocos vecinos, en esas aldeas tan pequeñas, no compensa”. La siguiente duda se encadenó: “Pero ¿cuál es el criterio de rentabilidad?”
“La petición de instalación está cancelada”, contestaron a sus reclamaciones en varias ocasiones desde Telefónica, el operador dominante en estas pequeñas zonas rurales y “de sombra”. Al preguntar por el motivo, la respuesta fue aún más preocupante: “Por baja rentabilidad, al ser pocos vecinos, en esas aldeas tan pequeñas, no compensa”. La siguiente duda se encadenó: “Pero ¿cuál es el criterio de rentabilidad?”.
La difícil orografía y la dispersión de la población ha sido un gran inconveniente para desplegar de forma efectiva la fibra. Además, los usuarios la prefieren a otras soluciones por el ancho de banda y su “alta capacidad”, una cobertura prometida por ley, aunque no se especifica cómo garantizarla. Por eso, en algunos puntos se entiende que instalando una estación de radio o de telefonía móvil con 4G ya se ofrece esa alta capacidad, sin tener que cablear ni poner postes para desplegar la fibra. Pero los vecinos no consideran que reciban un servicio de calidad con esas alternativas. “El acceso vía radio tiene caídas importantes, fluctúa constantemente y también con las tormentas. No es solución, sobre todo si estás con videoconferencias, enviando correos y trabajando en la nube”, apunta Manuel, que insiste: “¿Cuál es el criterio? ¿Dónde y cómo se decide hasta dónde poner fibra?”
Los vecinos de Souto abrieron un chat para compartir documentación, buscaron alternativas, solicitaron apoyo a expertos y estudiaron posibles soluciones. Pero son conscientes de que “el tiempo pasa”, casi dos años desde su primera petición. Los 400 metros que, en este caso, separan la desconexión de la conexión que requieren para trabajar, para estudiar a distancia, ofrecer teleasistencia a sus mayores, contar con una reacción adecuada ante una emergencia y, en definitiva, para vivir y asentarse en un área despoblada colisiona frontalmente o con lo que consideran un despliegue insuficiente de cableado. La situación les ha abocado a estar sujetos solo a la red 4G, a las redes inalámbricas por radioenlace WiMAX o a recurrir a soluciones satelitales, como la que ofrece la empresa española Hispasat o la satelital en órbita baja de Starlink, la red de internet por satélite de Elon Musk. Y curiosamente, estas comunidades que creen en la modernidad, pero sin dar la espalda a lo tradicional, y que necesitan estar conectados a toda velocidad, pero apostando por fórmulas sostenibles y lógicas, han tenido que optar “por una solución rápida y efectiva” como es Starlink. “La pena es que tengamos que recurrir a terceros, que están fuera de la Unión Europea y delegar nuestros datos en manos del gran magnate de SpaceX, de los Tesla o la red social X”, matiza Manuel.
La conectividad es crucial para consolidar el rural como alternativa de vida. Si la cobertura de fibra de los grandes operadores no llega, la solución apunta a redes locales, como Rede Aberta, Adamo, Despliegues UNICO, o compañías como Itegal, con sus propias torres y repetidores. Otra opción consiste en aprovechar las antenas de telefonía para disponer de conexión 4G y 5G, contando con un rúter y una tarjeta SIM.
La tecnología por radiofrecuencia de los operadores locales es otra vía, aunque no ofrece una estabilidad alta. Ysi se recurre a conexión satelital, la empresa española Hispasat resulta más económica, mientras que Starlink obliga a asumir el coste de la antena pero garantiza una conectividad óptima.
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