Montserrat Torrent, la organista centenaria que sigue tocando pese a su sordera: “Oigo todas las notas en mi interior”

DE VUELTA EN LA PROVINCIA

A sus 100 años y tras tres décadas padeciendo una sordera severa, la catalana Montserrat Torrent sigue tocando el órgano a diario y ofrecerá esta tarde un recital ante el histórico instrumento barroco de la Colegiata de Santa María la Real, en Xunqueira de Ambía

Montserrat Torrent, ante el órgano de la Colegiata de Santa María la Real de Xunqueira de Ambía. | Xesús Fariñas

Un poderoso sonido se colaba este sábado al mediodía por las paredes de piedra de la imponente Colegiata de Santa María la Real, rompiendo el silencio reinante en el corazón de Xunqueira de Ambía. En el interior del templo, Montserrat Torrent i Serra (Barcelona, 1926) repasaba ante el órgano el programa con el que esta tarde deleitará al público y pondrá el broche al XXXVII Ciclo de Órgano y Música Antigua.

Su regreso a esta cita, organizada por el Concello con el apoyo del Obispado y de la Diputación, cerrará una edición dedicada a su figura y a una trayectoria en la que su maestría ante los teclados se ha impuesto incluso a una sordera severa que padece desde hace más de tres décadas.

El órgano, su "vitamina"

Ni la edad ni los achaques han conseguido apartar a Montserrat del órgano. Tampoco un cáncer de mama, una rotura de fémur o dos neumonías muy graves. “En una ocasión me dieron incluso la extremaunción”, explica sin perder la sonrisa. “Tocar órganos como este son mis vitaminas”.

Lo atestigua su rutina. Continúa despertándose cada día a las cinco de la mañana para estudiar y ensayar con el instrumento que ha marcado su vida, pese a su dificultad para escucharlo. “Cuando interpreto oigo todas las notas en mi interior”, explica. La pérdida de audición fue un golpe tan duro que incluso llegó a plantearse abandonar. “Evidentemente fue traumático al principio”, reconoce. “La vocación puede con todas las contrariedades que te inflige la vida”.

Su relación con el órgano comenzó, de hecho, casi por casualidad. “Espero que no me pregunte por qué soy organista, ya me lo han preguntado miles de veces”, exclama con retranca. Durante la Guerra Civil, su familia se quedó sin recursos y se trasladó a casa de unos primos, en Santa Coloma de Farners. Allí había un órgano que acabó cautivándola. “Y así empezó mi historia, por azar o providencia”. Yo me inclino por esta última porque yo comencé con el piano y hubiera sido pianista, el órgano no existía, pero así fue”.

Montserrat Torrent, en un momento del ensayo con el órgano barroco ibérico.
Montserrat Torrent, en un momento del ensayo con el órgano barroco ibérico. | Xesús Fariñas

Una mente inquieta

La conversación con Montserrat fluye al mismo ritmo que sus manos sobre las teclas. Cuando no consigue entender algo, echa mano con soltura de un móvil para leer en la pantalla la transcripción de su interlocutor. Se entretiene “con el final de Pasapalabra” y sigue la actualidad, aunque considera que vivimos “una época terrible, con guerras, odios y calamidades de la naturaleza”. Aun así, defiende “mantener la esperanza y la ilusión por las pequeñas cosas”.

Tampoco concede demasiada importancia a haber cumplido cien años. “Lo encuentro natural, significa estar viva y en forma”. Rechaza que ser mayor implique dejar de decidir sobre la propia vida. “Toco porque no quiero que los mayores se desanimen. Tienen que hacer algo que les guste, que les dé vida, y no quedarse encerrados pensando en lo que les duele. Desgraciadamente duele pero, si hacemos algo, no duele tanto. ¿Tengo razón o no?”

Regreso a la Colegiata

Tras volver a tocar el órgano barroco de la Colegiata, Torrent no ocultaba su alegría. “Es una felicidad encontrarme con estos sonidos tan bonitos; los órganos antiguos tienen un sabor distinto”. El de Xunqueira, dice, le suena “dulce” y tiene “algo que no tienen los de ahora”. Esta tarde volverá a sentarse ante él para seguir agrandando una leyenda que, a sus cien años, continúa escribiéndose concierto a concierto.

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