Hajnalka Fogarassy, zanfonista de Hungría: “Sigo buscando el momento en el que la música se vuelve más grande que el músico”

ENTREVISTA

Con apenas 20 años, la música húngara Hajnalka Fogarassy es una de las artistas de su país invitadas a participar en la XLI Xuntanza Internacional de Gaiteiros, en la que mostrará su dominio de la zanfona

La zanfonista magiar Hajnalka Fogarassy, en la fuente de la Praza da Hermida de Flariz (Monterrei).
La zanfonista magiar Hajnalka Fogarassy, en la fuente de la Praza da Hermida de Flariz (Monterrei). | Xesús Fariñas

Hajnalka Fogarassy (Budapest, 2006), joven virtuosa húngara especializada en música e instrumentos tradicionales como la zanfona, la cítara y el koboz, participa este sábado en las conferencias del Parador de Verín antes de deleitar al público en Albarellos junto a músicos de Galicia y otros países, en el marco de la XLI Xuntanza Internacional de Gaiteiros.

Pregunta. ¿Por qué escogió la zanfona?

Respuesta. Creo que me atrajo porque es un punto de encuentro muy poco habitual entre la sencillez y la complejidad. A primera vista parece un instrumento casi primitivo: está formado por una rueda, cuerdas, un cuerpo de madera y una manivela. Pero cuando empiezas a tocarla descubres un instrumento muy rico, capaz de crear al mismo tiempo notas pedales, melodías, ritmos y armonías. También tiene algo muy físico: no se toca solo con los dedos, interviene todo el cuerpo. Pero quizá lo más importante sea su sonido. La zanfona tiene una voz imposible de confundir con ninguna otra. Hay algo ancestral en ella, pero también algo extrañamente contemporáneo. Creo que esa contradicción es lo que mantiene viva mi fascinación por ella.

P. ¿Qué siente al escuchar música tradicional gallega? ¿Tiene algo en común con la húngara?

R. Por supuesto. Pese a sus diferencias, ambas tradiciones mantienen una relación muy fuerte con el ritmo, la danza y la voz humana, con la idea de que la música forma parte de la vida cotidiana, de las celebraciones, el trabajo, las reuniones y las comunidades. Y sí, hay momentos en los que de alguna forma la música gallega me hace sentir como en casa. Y no se debe a que las melodías suenen húngaras, sino porque la actitud emocional me resulta familiar: una mezcla de melancolía y vitalidad, capaz de transmitir tristeza sin volverse débil y alegría sin caer en la superficialidad. Para mí, ese es uno de los grandes misterios de la música tradicional: a veces reconoces un lugar en el que nunca has estado.

P. ¿Dónde está el equilibrio entre conservar la música tradicional y permitir que evolucione?

R. Lo que llamamos “tradición” suele ser el resultado de cientos de pequeños cambios acumulados durante generaciones. Para mí, la clave está en no reproducir el pasado como una pieza de museo, sino en comprenderlo lo suficientemente bien como para poder hacerlo evolucionar con honestidad. Hay que saber de dónde viene algo antes de transformarlo. No quiero que la música tradicional se convierta en un traje antiguo, sino que siga siendo algo que las personas puedan utilizar para expresar lo que sienten hoy.

P. ¿Qué podemos perder si dejamos de escuchar a quienes mantienen vivas esas tradiciones?

R. Cuando escuchas a un músico tradicional, también escuchas una forma concreta de entender el tiempo, la comunidad, la memoria e incluso el paisaje. Una melodía escrita puede sobrevivir, pero muchas de las cosas que le dan sentido no quedan registradas. Hoy tenemos una tecnología extraordinaria para conservar el sonido, pero grabar algo no es lo mismo que comprenderlo. Si dejamos de escuchar a quienes mantienen estas tradiciones, perderemos el conocimiento vivo que hay detrás.

P. Pese a su juventud, lleva mucho tocando. ¿Qué sigue buscando cuando coge un instrumento?

R. Sigo buscando algo que no soy capaz de explicar del todo. Cuando llevas muchos años tocando, dejas de conformarte con tocar las notas correctamente. Buscas ese momento en el que el instrumento deja de ser un objeto que manejas y se convierte en una forma de pensar y comunicarte. Busco honestidad, un sonido que resulte necesario y no sea simplemente un elemento decorativo. A veces busco algo nuevo y otras intento redescubrir algo que creía conocer. En definitiva, sigo buscando ese momento en el que la música se vuelve más grande que el músico.

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