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El COB lanza el guante para ilusionar al Pazo
Crónica
Y otras se aprende, o eso dicen. Realmente no es un día para andar con refranes, frases hechas o imágenes que pondrías en la taza del desayuno, es uno para reflexionar y pararse a pensar por qué suceden las cosas.
Porque nada es casual, ninguna situación se reduce a una canasta que entra (o no), ni un descenso se consuma en un final apretado. El año del COB, tan irregular como la montaña rusa de resultados que atravesó durante toda la campaña ha terminado de la peor de las formas, con un descenso a la LEB Plata.
Podría culparse al caprichoso sistema de competición (bien conocido en las categorías autonómicas), a las lesiones o al covid y quizá no sea el momento de poner el dedo en ninguno de los protagonistas de este curso (que se podría claramente y han quedado retratados uno por uno según se descontaban las jornadas), pero sí lo es de comenzar un profundo proceso de reflexión (en todas las parcelas), en el que tal y como se dijo hace unas semanas, se entienda de una vez por todas que por encima de los egos de unos y de las luchas por el poder de otros, están las lágrimas de los aficionados que vieron como sus ilusiones se derrumbaron como un castillo de naipes mientras el balón volaba desde las manos de Diego Kapelan para anotar un triple que cayó como una losa casi tan grande como la siguiente, que fue verle celebrar esos puntos con una efusividad tan comprensible (o no) como desmedida. Algo así como ver por primera vez a una exnovia con otro, que lo entiendes pero... fastidia (¿era fastidia la palabra?).
Y ahora que las luces se apagaron en el Pazo hasta la próxima campaña toca pensar y mucho. Pensar en crear un proyecto, de esos que se montan con mucha cabeza y un poco menos de corazón. Un edificio con buenos pilares, con una estructura sólida y bien formada con la que identificarse durante muchos años.
Del cielo de pelear por el ascenso a la Liga ACB en una magnífica final four en Bilbao, a pensar en el clásico "un año en el infierno" que le llamarían los aficionados del Atlético de Madrid o los de cualquiera que aspira a volver a su lugar por la vía rápida.
Parte de ese retorno por el camino corto parte de saber captar el interés de los que hoy lloraban, de los que se enfadaron al terminar el partido y de los que incluso dejaron de ir al Pazo tras la pandemia porque sintieron que el equipo no les daba esas alegrías que todos buscan cuando van al campo.
En épocas complicadas es el momento de encontrar las oportunidades y si a nivel deportivo la competición ha perdido cierto "punch", puede ser el momento de recuperar o hacer crecer una masa social con mucho trabajo de trinchera, de cavar y buscar sin descuidar evidentemente que la parcela deportiva debe llevar al club a competir desde la primera jornada con los mejores.
La última vez que el COB estuvo en LEB Plata volvió a Oro en solo un año con mucho esfuerzo y después del golpe emocional que había supuesto que aquel dramático partido de Palencia en el antiguo pabellón Marta Domínguez.
Si algo se ha caracterizado la afición del COB es por una lucha permanente contra los elementos, de esa de llegar casi a desistir, pero con un componente emocional que no te deja separarte. Resiliencia le llaman unos, amor por un club, los buenos cobistas.
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