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En mi casa éramos tres hermanos. Luis, 3 años mayor que yo y el líder de los hermanos. El pequeño, Javi, 2 años menor y mi compañero de habitación y de fechorías. Éramos tres hermanos que siempre nos llevamos bien, tan bien que todo el mundo lo resaltaba. Y digo que éramos porque un día mis padres nos sentaron a los tres y nos explicaron que iba a venir un hermanito nuevo. No había que explicar mucho más, sólo empezar a asumir esa noticia. Cuando escribo asumir, lo hago porque teníamos 15, 12 y 9 años y, lógicamente, teníamos una forma de vida bastante organizada.
En el momento que supimos que iba a ser una niña, no tuvimos duda del nombre. Por unanimidad elegimos Marta, que era el que mis padres tenían guardado para mí y después para Javi. Al final lo consiguieron, aunque en la primera ITV les dijeron que era un niño…
Nació la niña y todo cambió en casa, incluso en la distribución de las habitaciones. Marta fue una niña perfecta, muy buena de pequeña, estudiosa de adolescente y responsable de adulta. Un asco de cría, porque hizo que al resto se nos vieran todos los defectos que pudimos tener.
Ella se crió con los hermanos, siempre estaba en la habitación con nosotros y, cuando traías a algunos amigos, ahí estaba en medio. Y eso llegó a un punto tal que ahora es parte de mi pandilla de toda la vida y en su boda estaban tantos amigos míos como suyos.
Recuerdo que cuando era pequeña, todos los días a media noche, venía a mi cama, pasaba por encima mío, se acurrucaba a mi lado y dormíamos juntos hasta el día siguiente. Eso fue durante mucho tiempo y creo que generó un vínculo imposible de romper, por lo menos así lo siento yo. Venía siempre con un edredón que llamaba "mis puntas" porque se rascaba la nariz con una de ellas. La verdad es que lo llamaba "mis putas" e imagínense llorando a pleno pulmón y gritando "quiero mis putaaaas" (en ese momento la gente miraba a mi padre de manera extraña).
A filla se lleva genial con "la tata" y, cuando se ven, juegan mucho juntas, incluso bailan la danza maorí. Algunas veces veo bastantes similitudes entre ambas y debo reconocer que eso me encanta, porque Martita es un buen espejo en el que Leire puede mirarse.
¡Feliz cumple micromoco!
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