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LA CONTRACRÓNICA
Podría decirse que “40 minuti en el Pazo son molto longo”. Porque incluso con bajas, cansancio, maratón de partidos y menos euros en el banco, para ganar en el feudo del COB hay que sufrir. Lo sabe bien el Alicante, que dominó en el marcador durante gran parte del encuentro, que saboreaba la alegría con un triple desde el aparcamiento, pero no que no contó con lo que el COB tenía en el cielo. Y no fue fe, que también la hubo, fue Romaro Gill. El pívot cobista impuso sus 2,18 metros en un final de altura, con los caramelitos que le puso Isaac Vázquez y que sirvieron para desnivelar la balanza. Creyó el equipo y creyó su gente, dispuesta a olvidar el enfado de entre semana, atentos a las explicaciones del presidente en el programa Zona COB y con ganas de seguir peleando por el objetivo con ambición y ya, al menos, una pieza más.
No hubo tanta gente en el Pazo como en anteriores duelos. También porque era más propio ir en barca. Pero la que estuvo no fue poca y lo dio todo. Pequeños, mayores, socios, bailarinas… Aquí suma todo el mundo. Hubo tiempo para aplaudir al siempre querido Mendikote, pero la mayor ovación fue a los suyos, ganada a base de coraje y corazón. El miércoles, en Cartagena, más.
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