CON LOS PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA

Los jóvenes chinos se revelan contra el poder comunista

Nosotros íbamos de grupo en grupo y al saber que éramos periodistas extranjeros, había muchos voluntarios para hablar con nosotros

Alfonso S. Palomares con Bang Bingam, director general de la agencia oficial de China.
Alfonso S. Palomares con Bang Bingam, director general de la agencia oficial de China.
Los jóvenes chinos se revelan contra el poder comunista

El hotel Pekín, en el que nos alojamos, estaba muy cerca de la plaza de Tiananmen  que era el hervidero de las manifestaciones contra el petrificado inmovilismo del Partido Comunista chino, y en particular contra el primer ministro Li Peng. Había comenzado la apertura económica con los nuevos planteamientos de Deng Xiaoping, el que le dijo a Felipe González aquello de que no importaba que el gato fuera blanco o fuera negro, lo importante es que cace ratones. 

Los chinos también se habían liberado del unánime uniforme Mao que durante décadas los convirtió en imágenes móviles del mal gusto. Los jóvenes, principalmente ellas, ya no pensaban que la vanidad era un crimen ideológico, ni creían que la belleza estuviera únicamente en el alma, como afirmaba la mujer del Mao, Chiang Qing, en los días tenebrosos de la revolución cultural. Daban importancia a la apariencia física y a la estética, por eso hacían furor las modas que resaltaban la anatomía de la sensualidad, blusas apretadas de tirantes que dejaban los hombros desnudos y faldas cortas ceñidas a las caderas. palomares26003_result

El delegado de Efe en Pekín, Ramón Santaolaria, nos explicó a grandes rasgos los motivos de las tumultuosas manifestaciones que había estallado de pronto con un vigor desusado y que nada indicaba que fueran a detenerse. Por la noche cenando en la residencia del embajador del España, Eugenio Bregolat, buen conocedor de la realidad china, las manifestaciones se convirtieron en el asunto estrella de la manifestación. La chispa que hizo saltar a los intelectuales y estudiantes a las calles y llenar la plaza de Tiananmen fue la muerte por enfermedad del ex secretario general del Partido Comunista, Hu Yaobang, que había sido expulsado del poder dos años antes por aceptar el diálogo con los disidentes. Fue el primer alto dirigentes que asistió a un acto oficial con traje de chaqueta renunciando al ortodoxo uniforme mao. Las confidencias afirmaban que quería abrir los caminos de la libertad que conducían a la democracia. El día 15 de abril, fecha de su muerte, la plaza de Tiananmen se llenó de jóvenes para rendirle homenajes de despedida y decidieron volver a la plaza todos los días, especialmente al atardecer y en las primeras horas de la noche para reclamar libertad y democracia. Se hablaba de que había profundas divisiones en el buró político del partido; los duros, encabezados por el primer ministro Li Peng, eran partidarios de cortar de raíz las manifestaciones utilizando la fuerza que fuera necesaria, sin ponerle límites, mientras que los dialogantes, a cuyo frente se situaba al secretario general del partido. Zhao Ziyang, optaban por la negociación como la mejor salida. Como al día siguiente al teníamos una reunión seguida de cena con el director general de la agencia Xinhua, Bang Bingam y su equipo de colaboradores para negociar varios acuerdos, el embajador Bregolat nos insistió que les presionáramos para que gestionara una línea telegráfica entre la embajada y la delegación de Efe con el fin de recibir de manera directa el servicio internacional de la agencia. No era cosa fácil. Las comunicaciones habían sido nuestro rompecabezas en Pekín y lo seguían siendo. Hasta hacía pocos meses, los servicios informativos del teletipo ce Efe solo se recibían en la central de Xinhua y desde allí un ciclista los trasladaba impresos en papel a nuestra redacción. El ciclista suplía la falta de líneas telefónicas urbanas subterráneas en la capital china. 

Miguel Ángel Aguilar y yo tomamos apresuradamente el café para ir a la plaza de Tiananmen y ver lo que estaba sucediendo. Nos acompañó una chica española que trabajaba en la delegación comercial y hablaba perfectamente chino. Al acercarnos vimos que la inmensa plaza estaba ocupada por un interminable enjambre de chinos. No solo se trataba de una ruidosa multitud de jóvenes, también participaban gentes de otras edades, que se juntaban en grupos circulares, unos más grandes que otros; los había que podían llegar a las mil personas, dependía de quien estuviera en el uso de la palabra o de quienes protagonizaran el debate en ese momento. Las protestas contra el poder y por la libertad la hacían de los más variados modos posibles. Discutían, discurseaban, cantaban, gritaban consignas y se movían de unos grupos a otros para entrelazar los movimientos de rebeldía. La chica que sabía chino nos traducía el variado recital de mensajes que como las mandamientos podían reducirse a dos: los que maldecían al poder despiadado y corrupto de la ortodoxia comunista y los que, invocando la memoria de Yaobang reclamaban libertad y democracia. Nosotros íbamos de grupo en grupo y al saber que éramos periodistas extranjeros, había muchos voluntarios para hablar con nosotros. palomares26002_result

Un profesor de literatura oriental de la universidad de Pekín, que había estudiado en la Habana la lírica cubana de los siglos XIX y XX, con los poetas Nicolás Guillen y Dulce María Loynaz, se ofreció para explicarnos minuciosamente lo que estaba pasando. Tomo palabras suyas para contarlo: “El porqué de la erupción tan repentina del volcán, llenando la plaza de Tiananmen y muchas calles con la lava incandescente de una rebelión imparable, compuesta por una vanguardia de intelectuales y estudiantes que cada día cuenta con más apoyos populares y que terminará arrollando al poder.” Le brillaban los ojos al decirnos que las reformas económicas sin los necesarios cambios políticos estaban provocando el enriquecimiento de unos pocos y llevando a muchos al empobrecimiento por el desempleo creciente al quebrar grandes empresas estatales y por las erosiones que causaba la inflación unida a la rebaja de salarios. Marchamos tarde a acostarnos. Con el clarear el día, mi habitación se llenó de unos chillidos tan desordenados que llegué a pensar que procedían de una bandada de pájaros histéricos o extraviados que volaba alrededor del hotel. El camarero que nos sirvió el desayuno nos dijo que eran manifestantes.

A la entrada de la agencia nos esperaba el director general Bang Bingam, el director de información Yu Minsh, el coordinador de Relaciones Internacionales, Liu, y dos o tres altor responsable de la redacción. Los números que nos iban dando eran desmesurados comparados con los nuestros, basta decir  que formaban la plantilla diez mil periodistas. La enorme sala de ordenadores evidenciaba el enorme retraso tecnológico, pero nos advirtieron que pronto darían un gran salto adelante. La expresión "gran salto adelante" la utilizó Mao a finales de los cincuenta para referirse a la economía y a la industrialización del país., y, aunque se saldó con un estrepitoso fracaso., quedó como el sueño de una ilusión colectiva. Ultimamos las negociaciones de varios convenios tecnológicos e intercambio de noticias en un gran clima de optimismo.

Por la noche celebramos los acuerdos con una cena en el restaurante Pekín invitados por la plana mayor de la agencia oficial china. Aparte de la chica que sabía chino y nos acompañaba había tres periodistas que hablaban un buen español por haber trabajado en la Habana como corresponsales. Los aperitivos eran deliciosos al igual que toda la comida, pero no los voy a describir, sé muy poco de crítica gastronómica, solo soy un buen comensal. El señor Bingam me preguntó donde había pasado el día y que había visto de Pekin desde mi llegada. Le dije que había visto manifestaciones con muchos participantes en la plaza Tiananmen y en el Zhongnanhai ( donde viven los grandes jerarcas del Partido Comunista). Aproveché para preguntarle qué pensaba de las manifestaciones y si creía que continuarían creciendo como los últimos días o se evaporarían como nieblas inoporturas.

Bingam respondió con una pregunta:

-¿Vio hacer alguna vez pompas de jabón? En un principio las pompas se van hinchando, y hay momentos que toman un bonito color azulado. Pero nada más tocarlas se vacían y se rompen. Desaparecen, son solo aire. Ellos mismos terminaran soplando con un poco más de fuerza y se romperán. No hará falta la intervención del gobierno, ni mucho menos el ejército como empiezan a decir en la prensa extrajera.

-Ustedes, ¿le están prestando mucha atención informativa? pregunté.

-No. No se le puede prestar mucha información al aire. No es noticia.

Le dimos muchas vueltas a esos argumentos y fue cuando Bingam dijo que uno de los papeles más importantes de la información era el de orientar correctamente a las masas. Esas palabras me bastaron para saber cómo estaban informando y sobre todo cómo iban a informar cuando estallara la pompa de jabón.

Abandonamos Pekin en dirección a Hong Kong a media mañana Tres directivos de Xhinhua  nos acompañaron al aeropuerto y nos despidieron a la entrada. Cuando entramos nos asustó la interminable cola ante el mostrados de pasaportes. Un joven chino, listísimo, que  trabajaba como asistente en nuestra delegación nos llevó a uno mostrador para vips que no tenía colas, Miguel Ángel Aguilar paso sin dificultad, pero al llegar a mí y enseñarle el pasaporte el asistente le soltó un rollo con gestos muy sonrientes. El policía con aire cada vez más serio miraba hoja por hoja mi pasaporte mientras hablaba con el asistente. Al cabo de siete minutos que se me hicieron larguísimos me dejó pasar. Una vez dentro le pregunte qué había pasado.

-Le dije que tu ser gran gente. Ellos examinaron el pasaporte y decir que tu no ser gran gente, que tu ser como chino gente.

-No entiendo, le dije. 

-Aquí tenemos pasaportes de gran gente, media gente y chino gente, y ellos decir que tu no ser gran gente, que tu ser chino gente.

Seis días después de nuestra partida, los tanques entraron en la plaza de Tiananmen dejando un gran número de muertos. Nunca los han contado.