Cenizas...

Cada día vivido se convierte en cenizas con el final de la jornada; como así lo hacen los rescoldos de ese fuego vivo, que nos aporta el calor necesario para mantenernos con vida. Cenizas que, en su momento, lo fueron todo, y que, una vez consumidas, volarán a través del viento a cualquier rincón inane de la tierra. Los días se nos van cada noche, sin retorno; sus cenizas las podrás encontrar en cualquier sueño, recuerdo, escritas... Sí. Pero ya no volverán nunca más. Las notarás en la piel, pues con el roce diario te dejaran sus marcas. Y al final de la vida, te invitarán a surcar los mares del silencio junto a ellas. Cenizas...