Gracias por cuidar a Teresa

Cartas al director en La Región.
Cartas al director en La Región. | La Región

Una de las decisiones más difíciles que puede tomar una familia es ingresar a un ser querido en una residencia. Siempre queda la duda de si estamos haciendo lo correcto, si estará bien atendido o si sentirá que hemos dejado de cuidarlo. En el caso de mi abuela Teresa, su deterioro cognitivo había llegado a un punto que hacía inviable que continuase viviendo en su propia casa.

Hoy sabemos que tomamos la decisión correcta.

Durante los meses que vivió en la Residencia Nuestra Señora de la Esperanza, de la Fundación San Rosendo, volvimos a ver a una abuela que creíamos perdida: feliz, habladora, coqueta, divertida y de buen humor. En casa, la enfermedad la había convertido en una persona triste, enfadada y, en ocasiones, agresiva consigo misma y con quienes intentaban cuidarla. En la residencia recuperó una serenidad que nos dio también paz a nosotros.

Por eso, tras su fallecimiento, nuestra familia quiere agradecer públicamente el trabajo de todas las personas que la cuidaron. No quiero destacar ningún nombre porque no quiero dejar ninguno fuera. Cuidadoras, personal sanitario y cuantos estuvieron a su lado fueron maravillosos con ella. La trataron con cariño, paciencia, respeto y una enorme humanidad.

Las residencias arrastran un estigma que muchas veces resulta profundamente injusto. Nuestra experiencia nos enseñó que también pueden ser lugares donde las personas mayores encuentran los cuidados que su familia, por mucho amor que tenga, ya no puede proporcionarles en casa.

Nosotros tuvimos la tranquilidad de saber que nuestra abuela estaba mejor cuidada, y tuvimos además el regalo de volver a verla feliz durante sus últimos meses.

A todos los profesionales que lo hicieron posible, gracias. Nuestra familia siempre os llevará en el corazón. Y estoy segura de que Teresa, allá donde esté, también.

Lorena Crespo (Ourense)

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