En la piel del votante europeo
Las elecciones celebradas en Suecia, Alemania, Hungría, Portugal y Bulgaria reflejan el cansancio de una ciudadanía que reclama gobiernos capaces de resolver problemas cada vez más graves.
En Suecia, la oposición de centroizquierda, encabezada por los socialdemócratas, ha logrado una mayoría parlamentaria muy ajustada. En Alemania, la ultraderechista AfD avanza en Sajonia-Anhalt entre los jóvenes, los votantes cabreados y los habitantes de la antigua Alemania Oriental. En Hungría, Péter Magyar y su partido Tisza han desalojado del poder a Viktor Orbán después de dieciséis años. Portugal mantiene una mayoría de centroderecha, pero con Chega como segunda fuerza y sin respaldo parlamentario suficiente para gobernar con comodidad. Y Bulgaria ha confiado en una nueva formación, dirigida por Rumen Radev, después de años de inestabilidad y sucesivas elecciones.
Estos vuelcos, aunque ideológicamente distintos, tienen un origen común: el encarecimiento de la vida, la falta de vivienda, la inseguridad, la inmigración, el empleo precario y el deterioro de los servicios públicos. Cuando los partidos tradicionales no ofrecen soluciones convincentes, los ciudadanos buscan alternativas, ya sean progresistas, conservadoras o radicales.
El mensaje debería ser claro: Europa necesita menos consignas y más eficacia. Los ciudadanos piden ejecutivos honestos, estables y capaces de devolverles seguridad y confianza en la democracia. El Viejo Continente busca el voto perdido ante unos políticos que hoy se alzan con el poder y mañana prácticamente desaparecen. ¿Cómo responderá la UE ante estos vuelcos?
Pedro Marín Usón (Zaragoza)
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