Galicia calidad, una marca con recorrido

Galicia calidad, una marca con recorrido

Las relaciones institucionales entre un presidente y sus antecesores son una práctica habitual en EE UU, cuyos intereses económicos en el mundo son inmensos y requieren la cooperación de todos, pero no así en España, ni en el ámbito estatal ni en el autonómico; al menos si consideramos presidentes de signos políticos diferentes. Galicia se salva en parte de este mal clima político, si bien no con resultados plenos, dadas las reticencias, por ejemplo, del socialista Emilio Pérez Touriño.

La excepción viene dada, sin duda, por las relaciones entre Alberto Núñez Feijóo, del PP, y Fernando González Laxe, del PSOE, cuyo buen olfato económico, desde el ámbito académico, ha sabido ver el actual presidente. Hay muchos ejemplos de sus buenas relaciones, a menudo para hacerse la foto, pero hay dos verdaderamente importantes en materia económica: los estudios llevados a cabo por Laxe y colaboradores suyos en distintos campos, como el forestal o la imagen de Marca-País.

Laxe desempeña de ese modo un papel de referente en medios empresariales y sindicales, y Feijóo sabe verlo, aunque también maneja sus propios tiempos. Ninguno de los dos renuncia por ello a su ideología, menos aún a su partido, pero ambos salen ganando. El presidente porque suma sin restar y el ex presidente porque mantiene su liderazgo social sin necesidad de ocupar ningún cargo en el PSOE; tanto que su partido es consciente de que sigue siendo un buen cartel electoral, de ahí el interés de José Ramón Gómez Besteiro por situar al catedrático coruñés como candidato a la alcaldía de su ciudad. Tal vez no quiere darse cuenta Besteiro de que los argumentos que utiliza para convencer a Laxe de que es un buen candidato para A Coruña también servirían para considerarle un buen candidato en Galicia.

Si en algo demuestra el ex presidente su olfato es en la definición de la agenda política, lo cual influye tanto en Feijóo para determinados temas, como la marca Galicia, como en el Foro Económico, del que forma parte de manera destacada. Claro que no todo son buenos resultados. La Galicia oficial se resiste, por ejemplo, a seguir los criterios del experto coruñés cuando advierte de la deficiente estrategia portuaria, una baza que podría contribuir al crecimiento económico y que en cambio se utiliza para colocar amigos en burocratizadas e ineficaces autoridades portuarias como la de A Coruña, sin ir más lejos.

Ahora veremos en la agenda política dos palabras: Galicia Calidade, que resumen la estrategia gallega de Marca-País. Un informe dirigido por Laxe para el Foro Económico, que se presentará este mes, aportará claves de fondo en ese sentido, algunas de ellas seguramente útiles para el día a día que gestiona Alfonso Cabaleiro, un periodista que ha demostrado en Galicia Calidade capacidad de gestión más allá de los medios públicos y privados en los que ha trabajado.

Galicia Calidade pretende representar la imagen global de la economía gallega, fruto de un nuevo planteamiento centrado en la calidad y en la diferenciación como claves para incrementar las posibilidades de las empresas y de los productos gallegos en el exterior. Esta actuación, por sí sola, no resolverá los graves problemas de la crisis en Galicia, pero es evidente que si se gestiona con acierto contribuirá a que progresen muchas pequeñas empresas que de otro modo tendrían más dificultades en un mercado cada vez más competitivo y globalizado.