Jorge Vázquez
SENDA 0011
El trabajador aumentado por IA
Puigdermó, pronunciado en roman paladino “puchdermó”, es un producto de belleza de alta gama, fabricado por una conocida marca de cosméticos y cada día más difícil de encontrar, salvo en el mercado negro donde se cotiza a precio de oro.
Puigdermó es una crema con altas cantidades de retinol y ácido hialurónico que reduce las ojeras patrióticas españolas en unas semanas, alisa la piel y hace desaparecer las arrugas producto de la edad o de las malas lecturas. Sus efectos antioxidantes están clínicamente comprobados en ratoncillos de laboratorio y en otros seres más o menos humanos, y han pasado todos los controles de la Agencia Internacional de Medicamentos y de la correspondiente comisión europea ad hoc.
Pueden, si pueden, encontrar ustedes fácilmente Puigdermó ya digo en el mercado negro. En forma de pomada como Puigdermó Hipoglós o Puigdermó Gel; como cápsulas, Puigdermó Superfenilo; e incluso como supositorios como el bien conocido y tan usado Puigdermó Glicerinoso, generalmente hecho a base de manteca de cacao.
Por cierto que hablando de supositorios que no es un tema muy corriente del que suela hablar nadie salvo los padres primerizos con bebés, les diré que los supositorios se deben poner al revés de como pensamos. No con la punta de bala hacia adentro, sino hacia atrás. Las razones para eso se las podrá explicar un médico a ustedes, no yo que ni tengo tiempo ni ganas de hacerlo aquí, y si lo hiciera además me estropearía el artículo. Aparte, un artículo sobre supositorios sería razón más que suficiente para que me despidieran de este periódico. Algo que incluso yo entendería.
El asunto era el Puigdermó, esa crema fabulosa que se fabrica en Bélgica y lo cura casi todo. Puigdermó es antievejecimiento, hidratante y despigmentante. Lo de despigmentante tiene su aquel ya que te quita las franjas rojas y amarillas de la cara y te las vuelve a poner igual de rojas y amarillas, pero más y más finas. No me digan que eso no es un hito.
Últimamente el Puigdermó es difícil de encontrar. Yo, que soy un adicto a él he conseguido un par de frasquitos en intenet el otro día, que me han costado un pastón, por cierto. Me los trae Amazon de China. Espero que no retengan el paquete en la aduana. Ya les contaré.
Entre las numerosas tonterías que ocupan mi biblioteca hay una cajita con apariencia de medicamento que se llama "Sialmecer, calmante". Y dice por fuera "Siete sobres vía oral". Es una broma poética. Una tontería que se inventó alguien en los años ochenta con forma de medicamento y que parece por fuera un medicamento. Y efectivamente tiene sobres dentro, pero cuando abres uno, en el interior hay un papelito con un breve poema que dice por ejemplo así:
"Sialmecer las azules campanillas de tu balcón / crees que suspirando pasa el viento murmurador / sabe que oculto entre las verdes hojas suspiro yo."
Mucho mejor que el Puigdermó, desde luego. Cura más.
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