Crónicas de fabulandia

Crónicas de fabulandia

Hace tiempo hubo una conocida serie televisiva que se titulaba creo "Crónicas de Fabulandia". Empezaba con un Señor Buho al que un grupo de animalitos preguntaba cantando "Señor Buho qué tal, ¿qué nos va usted a contar, un cuento más?" Y el Buho respondía: "Un cuento que es verdad".

Este que se me ha ocurrido es un cuento infantil surrealista o quizás imaginado por algún Tim Burton más chiflado que él. Creo que al Señor Buho le hubiera gustado. Lo pongo aquí a ver si algún ilustrador de renombre se anima a ilustrarlo y también porque es verano, estarán ustedes en la playa y así pasan el rato. Va.

 Kinjonún es un niño bajito, rechoncho y de edad indeterminada que vive en Corea del Norte y en realidad se llama Kim Jon-un. Lo de Kinjonún sería la versión "galega" o bien en román paladino que viene a ser lo mismo, de su nombre original Kim Jon-un. 

 Kinjonún no es rechoncho por ninguna razón especial, es rechoncho porque es rechoncho. Además es un chico ojimínimo cuyos rasgos faciales, ojos, naricilla y diminuta boca están concentrados en un espacio minúsculo en el centro de la inmensidad inabarcable de su rostro plano como un folio sin escribir o como el desierto del Gobi. Si no me creéis niños, ved fotos suyas y lo entenderéis. 

 A pesar de esos inconvenientes fisiognómicos Kinjonún es el chico más guapo del mundo según los informes oficiales de su feliz país donde hasta los infelices son felices. El chaval además del innegable parecido con su padre Kim Jong-il, o sea Kinjonil, también llamado por su pueblo "Nuestro Amado Líder", heredó de él una finca en propiedad, precisamente Corea del Norte, con todo lo que contenía en su momento lo que incluía también sus habitantes fueran estos humanos o no humanos.

 Kinjonil murió en 2011 lo que sorprendió muchísimo a todo el país, pues los coreanos del norte creían firmemente que Kinjonil era inmortal. Pero no. ¡Tchk!, mala suerte. Según la versión oficial hasta los pájaros lloraron el día de su muerte y por si acaso los pájaros que no lloraron fueron fusilados. Supongo niños –diría el Señor Buho en las Crónicas de Fabulandia–, que os podéis imaginar los pelotones de fusilamiento liquidando sin piedad a los reticentes petirrojos, currucas capirotadas, gorriones, chochines, herrerillos o colirrojos tizones que no soltaron unas lágrimitas por el "Amado Líder".

 El caso es que a raíz de la muerte de su padre, Kinjonún se convirtió en el nuevo "Amado Líder". Entonces el chico se hizo un peinado "undercut" y dedicó sus esfuerzos y toda la economía de su pueblo a construir un cohete, pues él era un soñador. Un cohete que le permitiera llegar a cualquier lugar del planeta. El planeta no estaba de acuerdo con la idea pero eso a él le dio igual.
 Fin.

Vale. Ya sé que el cuento no es muy bueno. Perdón. Prometo escribir uno mejor sobre Hitler, otro niño.