Sonia Torre
UN CAFÉ SOLO
La balanza del dinero
UN CAFÉ SOLO
Hace calor en la sala. Aun así, a ratos te sacuden unos escalofríos. No sabes si es frío o miedo. Te levantas del asiento, caminas dos pasos y vuelves a sentarte. Los nervios no te dejan estar quieta. Intentas evadir los pensamientos más pesimistas. Miras a tu alrededor y ves en las otras caras el reflejo de tu propia angustia. La espera se hace larga, los minutos están perezosos y no avanzan. Escuchas la voz de una enfermera, reconoces el nombre y te diriges a ella. Te tiemblan las piernas, asoma una pequeña náusea. El miedo se hace más fuerte y te encoge. Atiendes al médico. Te enumera nombres de pruebas realizadas, te habla de la intervención. Intentas estar muy atenta y retener cada dato. Pero en realidad solo quieres escuchar que todo está bien, que ya no hay peligro y que se recuperará. Dice que puedes pasar un momento a ver al paciente. Esta noche se quedará en la sala de reanimación para estar vigilado y atendido. Respiras. Ha sido un día largo y duro. Llegas a casa y lanzas tu cuerpo agotado a la cama. No puedes dormir. La tensión y la preocupación acumuladas siguen ahí.
En todo el proceso, nadie puso ante ti un presupuesto desglosado en conceptos y cifras, cuyo importe final te hace palidecer. Nadie te ha dicho que si no hay pago previo no hay esperanza. El sufrimiento no se agranda pensando qué vender, qué hipotecar o a quién pedir esa cantidad inalcanzable para mantener la salud. No hay rendición por falta de pago.
Así que sí, toca seguir reivindicando la importancia de una sanidad pública universal que nos cura a todos
Desvelada miras el móvil. Tropiezas en redes sociales con caras sonrientes que presumen de sus ganancias en Estados Unidos y se compadecen de nosotros, tan poco ambiciosos. Eso sí, evitan contarte el coste desorbitado de cualquier intervención médica o las tarifas por día de hospitalización. Piden, desde tanta distancia, física y moral, que no paguemos impuestos. Se creen más inteligentes por haber cambiado la residencia para salvaguardar su dinero, pero vuelven corriendo cuando enferman o las cosas vienen mal dadas, exigiendo ser atendidos con los impuestos que los demás pagamos.
Así que sí, toca seguir reivindicando la importancia de una sanidad pública universal que nos cura a todos. Exigir a las Comunidades Autónomas mayor inversión y una gestión eficaz. Blindarla ante privatizaciones y seguros que dejarán de atendernos cuando la curva de beneficios baje, porque la salud es su negocio y no nuestro derecho. Toca recordar que sin impuestos no sería posible, como tampoco la educación pública que ha formado a muchos de esos médicos.
Aunque no hay argumento más convincente que sufrir la angustia de horas de espera en la sala de un hospital, donde la frontera entre la vida y la muerte se vuelve real, sabiendo que el dinero no inclinará la balanza.
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