Xabier R. Blanco
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La chica danesa" es una multipremiada película de 2015 dirigida por Tom Hooper. Narra la historia real del matrimonio de artistas daneses Einar y Gerda Wegener, que además de ser grandes pintores pasaron a la historia por ser Einar una de las primeras personas conocidas que recurrió a una cirugía entonces experimental, principios del siglo pasado, para someterse a una reasignación de sexo, pasando a ser a partir de entonces Lili en lugar de Einar.
Pero la chica danesa de la que pensaba hablar, a la que se refiere el título de este artículo y la que nos ocupa hoy no es Lili Wegener sino Marlene Wind, esa profesora danesa directora del Centro de Política Europea que intentó hacerle una entrevista a Puigdemont el otro día en Copenhague, sin mucho éxito porque Puigdemont no contestó ni a una de sus agudas y pertinentes preguntas. Y es que el gerundés natural de Amer, el adalid del catalanismo Carles Puigdemont Casamajó Ruiz Valdivia Toledo Valero (esto es otra película: "Ocho apellidos catalanes"), es un político de raza.
Ya he comentado alguna vez que en España no hay muchos periodistas que sepan "repreguntar" bien a los políticos, Pepa Bueno, Jordi Évole y pocos más. Se cuentan con los dedos de media mano. Y digo media mano por Wifredo el Velloso que según dicen dibujó las cuatro barras de la senyera con sus dedos ensangrentados (obviamente le faltaba uno).
Repreguntar significa decir: "Perdone, pero no ha contestado usted a mi pregunta ¿se la vuelvo a hacer?". Marlene Wind, que es una chica danesa inteligente pero demasiado bienintencionada cometió el error de hacerle todas las preguntas seguidas al expresident y sugerirle que las anotara para contestarle después, así que se lo puso en bandeja y Puigdemont no contestó a ninguna pero aprovechó su turno de respuestas para simplemente hablar de lo que le dio la gana. Como siempre. A eso me refería con "político de raza".
A mí esta chica danesa me ha gustado más que la de la película de Tom Hooper, una película preciosa pero un poco almibarada y demasiado facilona, como de Oscar, y de hecho tiene un Oscar entre otros premios. Porque Marlene Wind sí se comportó como una verdadera vikinga. Con la valentía y la audacia que se supone a los hijos pelirrojos de Odín. Esos a los que Raúl del Pozo citó el otro día en un precioso artículo recordando que los vikingos solían llamar al mar "camino de las velas" y a las ballenas "cerdos del oleaje". Vikingos. Guerreros que sin saberlo eran poetas. Lástima que Marlene Wind en esa ocasión tuviera enfrente no a un enemigo real al que plantar cara en serio, sino a una rata cobarde huida del Penedés que ya se había largado del drakkar como aquel capitán del Costa Concordia, Francesco Schettino, mucho antes de que el barco empezara a zozobrar, abandonando claro está a la tripulación y a los viajeros de a bordo. Al pairo.
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