Los diez mandamientos

Los diez mandamientos

Como a raíz de algunos artículos míos últimos han surgido entre amigos y lectores ciertas cuestiones extrañas voy a intentar explicarlas. Con perdón, que no soy un experto.

Los diez mandamientos. En principio parece una idea superoriginal ¿no? Vale. Veámosla de cerca.

Uno. Amarás a Dios sobre todas las cosas. No está mal si crees en Dios. Si no, resulta improcedente. Dejando aparte el hecho de que hay miles de dioses en el mundo si es que hay alguno, que eso aun estaría por ver.

Dos. No tomarás el nombre de Dios en vano. Pues estamos en las mismas ¿qué quieren que les diga? ¿El nombre de qué dios en concreto no puedo tomarme en vano? ¿Puedo maldecir a Alá tranquilamente o no? ¿Y a Poseidón o a Zeus? ¿En qué quedamos?

Tres. Santificarás las fiestas. Vale. Esto lo he entendido. Le viene genial a los organizadores de fiestas patronales sean curas o no, pero la verdad es que tampoco tiene mucha lógica salvo que se trate de una fórmula para potenciar el comercio local lo que me parecería, por supuesto, aceptable.

Cuatro. Honrarás a tu padre y a tu madre. ¡Menudo descubrimiento! Si no cuidáramos a los mayores acabaríamos con la sociedad en menos que canta un gallo.

Cinco. No matarás. ¡Genial! Este mandamiento es bárbaro. ¿Bajó Dios del cielo para decirnos esto? ¿En serio? No me lo puedo creer. Que no hay que matar a la gente ya lo sabían hasta los hititas. Vuelvo al comentario anterior: si nos matáramos unos a otros no habría sociedad que aguantara. Que matar está mal ya era más que conocido por egipcios y sumerios, mucho antes de que apareciera Yahvé en el mapa.

Seis. No cometerás actos impuros. ¡Ah!, este es interesante. ¿Quién decide que actos son impuros? ¿Puedo rascarme el codo pero no puedo rascarme otras partes de mi anatomía? Que venga el imán de turno y me lo explique, please.

Siete. No robarás. Muy buen mandamiento en el caso de que tengas algo que te puedan robar.

Ocho. No mentirás. Oootra vez lo mismo. Mentir está mal, como robar, matar o no cuidar a tus mayores. Pero para decir eso no hacía falta ser Dios.

Nueve. No consentirás pensamientos ni deseos impuros. ¡Eeeh!, ¿dónde vamos? Yo veo a una chica guapa, cañón, por la calle, y no puedo evitar tener un pensamiento impuro (vuelvo al punto seis ¿quién decide qué es impuro o no?). El pensamiento no es asunto mío. Otra cosa sería mi comportamiento posterior pero cuidado: el pensamiento viene a mi, no lo fabrico yo.

Diez. No codiciarás los bienes ajenos. Este no lo entiendo. Para mi es el menos inteligible de los diez. Yo codicio la mansión que tiene Mick Jagger en Saint Barth, en el Caribe. ¿Le hago daño a alguien con eso? No. La codicia solo es un sueño.

Pues estos son para mi los diez mandamientos. Que ustedes lo pasen bien... y que Dios los asista.