Reaccionar ante los pequeños fastidios

COSAS QUE CONVIENEN

Publicado: 15 mar 2026 - 06:57
Reaccionar ante los pequeños fastidios.
Reaccionar ante los pequeños fastidios. | TXARKA.ILUSTRACIÓN
  1. El cambio de hora. Como todas las ideas nacidas de la avidez humana, es una mala idea. Cambiar la hora atenta contra los ritmos del cuerpo, quiebra el sueño y replantea nuestra posición en el mundo. Que los días crezcan y decrezcan a su ritmo sagrado y que el invento tiempo no trastoque la vida del hombre.
  2. El billete de tren especulante. Un billete de tren debe tener siempre el mismo precio y no estar sujeto a la especulación de casino, con falsas ofertas encarecientes, servicios premium y demás paparruchas-trampa. Todo es culpa de la gente del márquetin, que infectan con su mandanga venenosa hasta los servicios públicos.
  3. El molesto del teléfono. En un bar, en un vagón, hasta en una terraza. Las mentes están tan idiotizadas que la gente olvida dónde está y sigue escuchando con el teléfono a todo trapo los audios de su prima o ese vídeo infinito llamado Tiktok. El altavoz del móvil molesta mucho. Llamémosle la atención al impertinente. No pasarán.
  4. La violencia de los bares. Hemos normalizado que en cada ángulo de visión haya una televisión gigantesca a todo trapo y que en cualquier lugar público suene música de mierda. Boicot a los bares bulleros y pantallistas.
  5. El caradura que se cuela en el súper. Que deja el carro esperando en la caja y va complementando su razzia lentamente, sabiéndose protegido. Hay que desenmascarar al jeta y escracharlo en público. Quizá sea el único lenguaje que comprenda.
  6. El patinete por la acera. Ahí va, ligerísimo, impune, sabedor de que es invisible, que tiene el bulo de la ausente policía local y el temor de la vecindad envejecida, que sólo pide a dios no romperse la cadera. Hay que detener al abusador del patín y recordarle que las calles son para el caminante.
  7. El vecino escombrista. Que hace lo mismo que el resto de paisanos con la connivencia del alcalducho local: tirar el escombro y la basura a los caminos donde empieza el bosque. Denunciémoslo una y mil veces. La basura está en su corazón.
  8. La reunión de la reunión. Si ya la cosa del trabajo es ridícula, todos como fingidores corporativos en el teatrillo de ir hacia ninguna parte, la reunión constante y el proyecto estratégico en lo que caen las empresas se sienten como lo que son: inútiles pantomimas desgastantes.
  9. El ayuntamiento podador. Que deja los árboles pelados, con las ramas como muñones, malheridos por maquinaria inadecuada y manejada por incautos sin corazón. Que gobiernen poetas y jardineros.
  10. El señor del herbicida. Que no sólo asesina a las hierbas vagabundas, también contamina la tierra, la vida microscópica y las aguas subterráneas. Hay que recriminarlo con firmeza por su acción ignorante. El daño se lo está haciendo también a sí mismo.

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