Mister Trump

Lo más alucinante del actual presidende de los Estados Unidos no son sus inesperadas y sorprendentes declaraciones sobre cualquier tema; ni que se haga coleguilla de Putin de repente, o de Kim Jong-un; ni que se dé besitos amorosos en público con el gobierno de Israel o le haga una higa internacional al déspota gobierno de Irán. No. Lo más sorprendente es la cantidad de tías que se ha tirado, y perdonen ustedes la expresión demasiado coloquial para ponerla por escrito de esta forma tan bruta. Sorry.

Yo no lo entiendo. Y me intriga este asunto mucho, mucho. Siendo yo mismo un tonto de provincias de una de las últimas esquinas del imperio, Ourense (España), he ligado mucho en mi vida. Y no soy guapo, ni estoy superbueno, ni nada de eso. Pero he ligado en Madrid, en Londres, en Nueva York. Bastante, sobre todo si me comparo como decía Santa Teresa: ¡Ay, si me comparo! 

Bueno, tal vez eso ocurrió así porque no estaba mal en aquellos años jóvenes y en las distancias cortas resulto simpático. Tengo una buena conversación y aunque mucha gente me tiene por serio, quienes me conocen a fondo saben que soy divertido. No sé. Ya digo que lo de Mr. Trump me asombra. El tipo es feo con ganas, ni siquiera de joven era guapo, vean ustedes fotos suyas en internet. Pero ahora es peor. Está gordo, desagradable, un poco o bastante idiota, y sus opiniones son aborrecibles. O sea que es un impresentable. Nadie querría tenerlo como amigo o novio, y mucho menos como compañero de cama.

A Mr. Trump le salen antiguas amantes cada día hasta desde debajo de las piedras. Siempre chicas estupendas, eso sí, muy recauchutadas como les gustan a los americanos. Con esas tetas gigantescas y falsas que los europeos no acabamos de entender.

¿Cual es el encanto de ese tipo? ¿O será que él todo lo hacía pagando a esas rubias espectaculares? A mi no me parece mal pagar por sexo, ya lo he apuntado otras veces. Si pagamos por la educación, por la sanidad, o por un masaje en la espalda para arreglarnos la columna, ¿por qué no pagar por un servicio sexual? No hay mucha diferencia y no tengo objeciones con eso.

Aclarado esto sigamos porque el tema Mr. Trump no se acaba aquí. El hombre no tiene el menor atractivo. Ni físico, ni intelectual, ni político, ni personal, ni nada. Pero ahi siguen todas esas señoras que aparecen constantemente reclamándole cosas porque se acostó con ellas o porque ellas se acostaron con él una vez. Y ¿qué son esas cosas que le reclaman?

Pues esas cosas, no sé si han fijado ustedes, son siempre dinero. No le reclaman la paternidad de un hijo, ni una responsabilidad personal de ningún tipo. No. Solo dinero. ¡Qué americano, por Dios! Money is money. 

Vuelvan a ver Cabaret, ahí se explica todo en aquel inolvidable número musical: "Money makes the world go around".