Pelea de gallos

El "Salvados" de Jordi Évole el otro día en La Sexta en el que reunió a Inés Arrimadas y Marta Rovira resultó fascinante. Supongo que no puedo llamarlo reyerta de gallinas porque se me tacharía con razón de machista y otras cosas peores, así que mejor llamarlo pelea de gallos. Había dos gallos allí, ambos enfrentados por el control del gallinero. 

Creo que a los gallegos dejando aparte la corrección política, el machismo, sexismo, o lo que sea más o menos adecuado, nos resultó más fácil entender el programa que al resto de los españoles: "Miña nai e mais a tua / quedan no río berrando, / por culpa dunha galiña / que tiña amores cun galo". 

El "galo" es Cataluña, lo que no resulta nada raro ya que también Francia es un gallo, como Rusia es un oso, Inglaterra un león, o España un toro. Aquí todo el mundo se pelea por el gallo, por el gallinero o por el animal que sea. Somos mamíferos así que portémonos mal, como dijo Cole Porter en una bonita canción. Y aunque el gallo no sea un mamífero portémonos mal igual añado yo. El que quiera entender...

Pero de los dos gallos, tres si contamos a Jordi Évole al que también habría que incluirlo en la pelea, hubo uno con unos espolones de nota: Marta Rovira. A mí me gusta Marta Rovira, me cae bien, tiene un pelo parecido al que tenía yo a los veinte años y que ya no tengo ahora, claro. ¡Tchk, qué mala suerte! Arrimadas también me gusta y creo que estuvo mejor pero no me interesa mucho, la verdad. Marta Rovira sí me interesa, por eso asistí al debate entero expectante y fascinado.

Pocas veces he visto y oído a alguien tan mentiroso como la Rovira, capaz de encajar en su discurso una mentira a cada momento sin que le tiemble la voz. Eso es un mérito creativo casi literario. Un superpoder mental. Yo que me dedico a escribir sé lo difícil que es mentir en cada línea, mentir cada diez palabras sin que se te caigan los dientes. Supongo que es el método Dentix no sé, pero Rovira lo bordó. Yo creo que los de Dentix deberían contratarla para su próximo spot. ¡Jo! Menuda colección de mentiras tan bien dichas con una sonrisa estupenda.

Por contra Inés Arrimadas no estuvo a la altura de la otra, ni Jordi Évole que en algunos momentos pareció un empleado (mal pagado) de Rovira, y eso que también me gusta Jordi Évole, ¡vaya!

Cuando yo era crío mi tía Ricarda tenía en Tabagón (La Guardia, Pontevedra) unos gallitos diminutos a los que llamábamos cariñosamente "kirikos" y que eran más violentos, brutales y agresivos que un gallo grande. Eran muy bonitos de colores y plumaje, pero nadie se podía acercar a ellos so pena de sufrir un ataque salvaje y despiadado. Porque los "kirikos" aunque fueran aparentemente guapos y simpáticos eran muy, muy peligrosos.