Perogrulladas

El chaval de veintidós años que interrumpió el otro día una boda católica en la iglesia de San Pablo de Valladolid gritando "Alá es grande" merece un artículo. En realidad es lo único que merece ese chico desquiciado y algo tonto, un artículo. Un artículo, por cierto, indeterminado.

Los ateos, agnósticos, etc., tendremos que rezar y mucho, cada día más, para que los católicos no creen unidades de ataque en plan Geos o Seals que se dediquen a entrar por la fuerza en las mezquitas y/o sinagogas gritando "Santiago y cierra España" y otras cosas así, como hacía el bendito Capitán Trueno en su época cuando se enfrentaba a una turba de moros espada en mano. Ya saben: "Ven Capitán Trueno, haz que gane el bueno, que el mundo está al revés".

Lo de los moros tiene su miga. Todavía no hace mucho tiempo recuerdo haber leido alguna idea no sé de quién sugiriendo que se hiciera desaparecer de la escena pública histórica y cultural española el personaje de Santiago Matamoros por ser políticamente incorrecto. Supongo que a cualquier asturiano o santiagués de Compostela eso le parecerá como decirle a los catalanes que destruyan La Moreneta o derriben el Parque Güell para convertirlo en una montaña de apartamentos y dúplex con aire acondicionado. Vale. Lo del Güell seguro que sería un buen negocio, los pisos se venderían a un precio de órdago.

A mi ese chico marroquí que irrumpió en la boda pero no para poner una pega a la misma en plan película romántica de Hollywood (ya saben, si alguien tiene alguna objeción a este matrimonio que hable ahora o calle para siempre), sino para gritar "Alá es grande" solo me produce ternura. Como si hubiera interrumpido la celebración vociferando "Yahvé se escribe con hache intercalada".

Que Alá es grande no puede negarse, más de mil quinientos millones de personas en todo el planeta lo creen así. Pero ser grande no necesariamente siginifica ser bueno ya que como bien dijo Woody Allen una vez a propósito del tamaño "un elefante se equivoca enormemente". Y bien, por cerrar el tema de Santiago Matamoros que este artículo se está convirtiendo en una colección de perogrulladas, doy por hecho que todos ustedes saben de qué maldito color blanco era el maldito caballo blanco del maldito Santiago que según se cree, así lo han pintado siempre, también era blanco. Esto último resulta sorprendente pues Santiago el Mayor habría nacido en Galilea hace más de dos mil años, y hace más de dos mil años en Galilea sin factor de protección solar 50 era muy difícil ser blanco. Y no, el color del caballo no era azul, azul hubiera sido totalmente inapropiado.

Yo a ese chico lo mandaría de vuelta a Marruecos ya, para que se ponga morado de cuscús. ¡Ay, qué rico es el cuscús! Qué envidia me da. Mañana que tengo invitados hago uno con cordero y garbanzos. Se van a chupar los dedos, ¡por Alá!