Un trabajo de verdad

Un trabajo de verdad

Una amiga que es restauradora, Marta Becerro, me pasó el otro día por el Facebook un chiste (una viñeta gráfica, no sé quién es el autor) en la que aparecen dos hombres primitivos, uno de ellos pintando unos bisontes en la pared de una cueva, mientras el otro que lo mira le dice: "¿Por qué no te buscas un trabajo de verdad, como cazador o recolector?"

 Me ha parecido magnífico. Tan bueno como un chiste de Gila. Como yo he sido a lo largo de mi vida pintor, ilustrador, diseñador, fotógrafo y ahora solo soy escritor, me he sentido identificado con el pobre tipo que está pintando trabajosamente los bisontes en la pared de la cueva. ¿A quién le importan sus dibujos? ¿Se los va a comprar alguien? ¿Se va a ganar la vida con eso? Seguramente no. Pero él sigue ahí con sus pinceles, empeñado en algo absurdo: llenar el mundo de alguna belleza pese a que, aparentemente, a nadie le interese.

 ¿A nadie? No. Tampoco es así. A Marta le interesa. A mí me interesa. Y a alguna gente más le interesa gracias a Dios. Sí, quizá seamos pocos pero somos valientes, creo. O tal vez es que somos demasiado ignorantes y atrevidos. ¿Quién sabe?

 Yo nunca he tenido un trabajo de verdad. Quizá porque siempre lo pasé bien con mi trabajo fuera el que fuera en cada momento. Supongo que un trabajo de verdad es algo que solo haces para sacar pasta y ganarte la vida, y siempre estás deseando acabar la jornada laboral para largarte a casa de una vez y dedicarte a tus cosas. Las que te interesan. Nunca fue así para mí. Siempre disfruté. Tuve suerte.

 La idea de "un trabajo de verdad" es curiosa y formaba parte del imaginario de una cierta clase social que opinaba, esto ocurría mucho durante el franquismo, que dedicarse al teatro por ejemplo era horrible. ¡Cómicos! ¿Qué? Eso no es un trabajo. ¡Es una payasada! ¡Niño, no puedes dedicarte a eso! ¡Vaya vergüenza! Qué dirán los vecinos. 

 Ya lo explicaba Silvio Rodríguez en una canción: 

 "Una buena muchacha de casa decente no puede salir.  Qué diría la gente el domingo en la misa si saben de ti, Qué dirían los amigos, los viejos vecinos que vienen aquí, Qué dirían las ventanas, tu madre y tu hermana, y todos los siglos de colonialismo español que no en balde te han hecho cobarde, Qué diría Dios sin armas, sin iglesia y sin la ley. Dios, a quien ya te entregaste en comunión, Dios, que hace eternas las almas de los niños que destrozarán las bombas y el napalm."

 Vale. Estoy exagerando, pero lo de dedicarse al arte es en cierto sentido parecido... como algo un poco vergonzoso. No sé. Yo se lo noto a mis amigos artistas en la cara. Les da vergüenza. El arte no es un trabajo de verdad. Ja, ja.