¡Viva el Rey!

Como ya he apuntado alguna vez en un artículo anterior que ya no recuerdo, el recién llegado Pablo Casado va a dar el golpe. El golpe de gracia al PP. Según él debemos decir ¡Viva el Rey! a cada momento. A mi, como reconocido monárquico que soy, me parece una idea genial. ¡Viva el Rey! 

Inicialmente en este artículo yo pensaba escribir sobre una novela que estoy leyendo estos días, ¡Viva el Rey! (no, la novela no se titula así, perdonen ustedes, es que me lío). Pero al final me ha podido mi amor incondicional a la Corona ¡Viva el Rey!

No voy a hacer aquí aquel chiste idiota "¡Que viva Zapata! ¡Sí, pero que no viva tan lejos, guaje!", porque quedaría estúpido y es un chiste más viejo que los borbones. ¡Viva el Rey!

Pablo Casado ha decidido que como él no puede incluir en cada frase una estupidez lingüistica de lenguaje no sexista como nosotros y nosotras, trabajadores y trabajadoras, etc., al estilo Pedro Sánchez o Pablo Iglesias, lo mejor era inventarse algo nuevo que podamos meter todos entre las preposiciones y los artículos mientras hablamos. ¡Viva el Rey! Algo original e inocuo y que a fin de cuentas no molestará a nadie, salvo quizás a Corinna. ¡Viva el Rey!

Según el flamante y repeinado presidente del PP tenemos que decir la frase en la ducha, en el ascensor, en el autobús, cuando recogemos a los niños en el cole y hasta en la barra del bar. Pero yo creo ¡Viva el Rey!, que los españoles en la barra del bar preferimos decir con urgencia mirando el reloj "¡Una caña y una de patatas bravas, por favor; y rápido que tengo prisa! Así que no creo que su idea prospere. ¡Viva el Rey! 

En mi opinión a la propuesta de Pablo Casado le falta algo muy importante que él parece haber pasado por alto. Está incompleta. La frase debería ir seguida de un fogoso ¡Arriba España!, y ambas expresiones deberían ser contestadas obligatoriamente por los demás clientes del bar con unos enérgicos, sucesivos y apropiados ¡Viva! y ¡Arriba! Pero ya digo, no creo que eso funcione. Aquí, en este país, a estas alturas están todos los del bar siempre ¡Viva el Rey!, demasiado ocupados con las patatas bravas que, por cierto, hoy están que tiran "patrás".

– Sí, es verdad. Oye, Jaime -–le dirá algún cliente al camarero echando fuego por la boca como un pequeño dragón y metiéndose media caña entre pecho y espalda–, dile a Manolo en la cocina que hoy ¡Viva el Rey!, las patatas se le fueron de la mano.

Pablo Casado, creo yo ¡Viva el Rey!, tal vez entienda a cuatro amigos suyos, pero desde luego no nos entiende al resto de los españoles ¡Viva el Rey!

Y mira que es fácil. Pablito, cielo, baja al bar a tomar una caña y unas patatas bravas como todo el mundo. Te sentará bien, hombre. ¡Viva el Rey!